¿Quién fue el mejor arquero de los mundiales…? Para empezar, hay que tomar en cuenta desde 1966 hacia adelante. Lo de más atrás no resiste el análisis porque el puesto no estaba desarrollado, no entran en competencia. Los de ahora sí. El uno tapa pelotas imposibles bajo los tres palos, va bien arriba en los centros, sabe salir en el mano a mano, ordena la defensa, saca preciso con las manos o los pies, patea tiros libres, a veces hasta sube a cabecear... y mete un gol.

Es el arquero moderno, notoriamente superior al de antaño. No obstante, debe quedar claro que hoy no nacen mejores arqueros, se hacen mejores por la evolución del puesto.

¿Cuáles son las claves de esta superación del guardameta? Varias, sin duda, aunque podrían resumirse en cuatro principales: 1) La acumulación de experiencias y la transferencia de conocimientos de los anteriores. 2) La incorporación del entrenador de arqueros.

Electrocables Barraza

3) La regla del pase atrás, que les enseñó a jugar con los pies y, por lo tanto, a dominar el área y ser un defensor más. 4) El entrenamiento específico.

Antiguamente el golero daba diez vueltas a la cancha, luego le pateaban 60 tiros al arco, le lanzaban algunos centros y ya, se iba a su casa. Ahora el entreno es muchísimo más completo, por eso vemos estos prodigios atléticos que producen milagros.

Alfredo Di Stéfano nos contaba que nunca celebró un gol de penal porque en su tiempo “la tocabas a un costado y era gol, el arquero ni se tiraba, ¿qué ibas a festejar…?”.

Electrocables Barraza

De los años veinte y treinta, no obstante, emerge la figura de Ricardo Zamora el Divino, que, contaban los muy mayores, era realmente notable. Pero notable para su época. Zamora jugó con España en el Mundial de 1934.

El portero, como puesto más que como individualidad, debe empezar a evaluarse a partir de Lev Yashin, Gordon Banks y Ladislao Mazurkiewicz en el Mundial de Inglaterra. Esos ya eran otra cosa, más parecidos a los fenómenos actuales.

Cuando decimos mejores de los mundiales decimos eso: de los mundiales, que destacara ampliamente en esta competición. Y que haya sido campeón o llegado bien arriba.

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Buen ejemplo es Thibaut Courtois, el sensacional arquero belga del Real Madrid, posiblemente entre los cinco mejores de la historia. En Rusia 2018 Courtois fue Guante de Oro del torneo, mantuvo su arco en cero en cuatro de los siete partidos y Bélgica fue tercero en gran medida por sus extraordinarias salvadas.

Lo que tapó en el triunfo 2-1 ante Brasil lo define: arquero ganapartidos. De haber sido campeón tal vez estaría en la cima. Pero para eso el equipo tiene que ayudarlo. Otro que no fue campeón pero que impuso su nombre entre los imprescindibles es Yassine Bounou, Bono, el marroquí. Definitivamente un coloso.

Lev Yashin quedó en la historia fundamentalmente por su figura: era el prototipo del arquero, alto, corpulento, que llenaba todo el marco, volador, muy activo, salía a descolgar centros, y siempre con una sonrisa de confianza.

Unión Soviética logró llegar al cuarto puesto en el 66 gracias a su concurso. No es cuestión de orinar en su estatua, pero, con el máximo respeto, era un portero de antes, aún no se habían descubierto muchos secretos del arco. No obstante, fue un prócer del arco. No se puede reescribir la historia. En su momento, deslumbró.

Una recapitulación completa nos dice que, entre los más celebrados y que fueron campeones no hay uno solo que sobresalga nítidamente. Hay varios parejos en actuaciones mundialistas.

Además de ser el señor de los milagros, Iker Casillas se coronó en Sudáfrica 2010 en un equipo al que le llegaban poco porque dominaba los partidos con el tiquitaca barcelonés de Xavi, Iniesta y Busquets.

Mas, cuando le llegaban, respondía a lo Casillas. Paró el crucial penal a Cardozo en el angustiante duelo con Paraguay cuando estaban 0 a 0.

Y en la final ante Holanda le abortó un mano a mano a Robben también con el marcador en blanco. Por si fuera poco, recibió 2 goles en los siete partidos de la Copa, récord en los 22 mundiales junto con Italia en 2006.

Ubaldo Fillol, además de sus grandes intervenciones en todo el torneo, aportó tres acciones notables ante Holanda en el choque definitorio.

Decisivo para que Argentina gane el Mundial 78. Era un gato, con una seguridad y una mentalidad ganadora fabulosas. Tenía una condición idéntica a la de Casillas: cuando se dice que el arquero ya no tenía nada que hacer, ellos siempre tenían algo que hacer.

Posiblemente, los dos mejores de todos los tiempos. El desconocimiento futbolístico, unido al exacerbado eurocentrismo suelen no ubicar a Fillol ni entre los primeros treinta guardametas históricos. Tener a Fillol era entrar ganando uno a cero todos los partidos. Monstruo absoluto.

Otro lugar destacadísimo merece Gianluigi Buffon, responsable en buen porcentaje de la consagración de Italia en 2006. Comparte con Casillas la marca de recibir apenas 2 goles en todo el torneo. Con un agregado increíble: uno fue de penal (Zidane) y el otro en contra (Zaccardo).

Buffon ha sido un arquero clásico, confiable, menos flexible que Fillol o Casillas por su envergadura (1,92). Aunque de grandes reflejos, necesitaba de menos atajadas espectaculares gracias a su fantástica colocación. Dueño del área, líder, figura en los partidos importantes y animador de cinco mundiales. En el podio.

Dibu Martínez posee una condición de pocos: generar una mentalidad ganadora desde los tres palos. Transmite una contagiante corriente de confianza a sus compañeros e hinchas. Saber que él está ahí es una tranquilidad general. Clave en la conquista de Argentina en Catar 2022, con participaciones increíbles.

Hizo, y de esto no debe tener duda nadie, la atajada de todos los tiempos en un Mundial: la parada con el pie izquierdo a Kolo Muani. Era gol y campeón Francia. Iban 141 minutos de juego entre tiempo regular, añadidos y suplementarios. Un héroe para toda la vida.

Todos los calificativos anteriores le caben, juntos, a Manuel Neuer, excepcional en la conquista de Alemania en Brasil 2014, dando una seguridad de siete llaves. Con algunas tardes inolvidables como frente a Ghana (2-2) y Argelia (2-1), pero también la sensación de invulnerabilidad que dejó ante Francia y Argentina (ambos 1 a 0). También para podio.

Otro meta fundamental en la obtención de un título fue Fabien Barthez, en Francia 1998. Más allá del equipazo que era Francia y de la magnífica defensa gala, Barthez fue vital.

De estilo espectacular, arrojado, valiente, en algunos casos temerario, atajador, descolgador de centros peligrosos, ganador. Mucho más sobrio, pero igualmente eficaz fue Hugo Lloris, campeón con el equipo del gallito en 2018. Concentradísimo, supereficiente, de paradas grandiosas también.

Imposible no mencionar a Sepp Maier, descollante en 1974 para que Alemania se quedara con el título nada menos que ante la super-Holanda de Cruyff. Un cuidapalos perfecto.

Más simple que Neuer, de una época anterior, pero igualmente seguro. Otro germano, Oliver Khan fue Guante de Oro en Corea/Japón 2002, pero no logró ser campeón. Y no estuvo feliz en la final ante Brasil. Aunque igualmente fue un grande.

Hoy los presionan los delanteros cuando van a sacar, el juego es más veloz, la pelota viborea y los atacantes aprendieron nuevas formas de definición. No obstante, los goleros hacen maravillas. (O)