“En sus obras se descubre el precipicio bajo la irrelevancia cotidiana y las fuerzas que entran en confrontación en habitaciones cerradas”. Así se refirió el anfitrión del Premio Nobel 2005 al dramaturgo británico Harold Pinter, al entregarle el premio. Pinter falleció de cáncer el año pasado y gracias a Jaime Tamariz, joven y quijotesca figura de un quehacer cultural guayaquileño que demasiadas veces voltea las espaldas a visiones teatrales de relevancia mundial, ha llegado a nosotros El amante, en una versión tan especial como su extraordinaria ambientación en una de esas viejas casas solariegas de Las Peñas.

El toque intimista, introspectivo, furiosamente amargo de Pinter cobra vida de súbito. Entramos a una espaciosa sala circundada de otras habitaciones, donde alumnos de la Universidad Casa Grande han adecuado dos exposiciones artísticas. En el hall solo caben 40 personas y entre los módulos blancos que simulan una sobria habitación está una pareja elegante.
Ellos son Richard y Sara (Alejandro Fajardo y Alejandra Paredes).

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Entre los dos existe lo que parece el común acuerdo de sus adulterios. “¿Viene tu amante a las tres?”, pregunta Richard con el mismo rutinario interés de conocer qué hay para cenar.

Lo que sucede después entre estos dos seres resulta tan chocante y dislocado como las más abruptas tragedias de la vida diaria, solo que aquí no hay sangre ni gritos, ni ambulancias. Pinter habla de los roles secretos asumidos en el subconsciente de cada uno. En El amante, los diálogos parecen ocultar o expresar furtivamente transiciones que delimitan una crisis conyugal que podría suceder o no suceder. El vacío y el silencio también son cruciales en la obra.

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Estrenada en 1963, algunos críticos hablaron entonces de la influencia del teatro del absurdo. Nada más lejano. Pinter nos habla frontalmente y sus palabras –a las que los protagonistas se aferran como boyas antes de ahogarse– solo sirven para mentir y desvirtuar verdaderos sentimientos. En sus identidades bifurcadas, estos fantasmas británicos sueltos en Las Peñas son cautivadores. Y Tamariz logra un efecto magistral con la aparición de esa misteriosa cantante (Paola Navarrete) que entona el tema recurrente de Pinter: Quizás, quizás, quizás.

Más datos

Cuándo: La obra se presenta hoy y mañana en doble función, a las 18:30 y 20:30.
Dónde: Esta pieza se escenifica  en la Casa Cino Fabiani de Las Peñas, calle Numa Pompilio Llona Nº 196.
Cuánto: La entrada cuesta $ 8. Capacidad: 40 personas por función. Reserve su boleto a los telfs. 600-0706 y 600-2801.