Sobre la estrecha cama de un cuarto derruido en el Centro de Detención Provisional de Quito (CDP), el cantante argentino Charly García recibió ayer los primeros rayos de sol en medio de un extraño silencio y acusado de alterar el orden público.

Horas antes de recibir su boleta de libertad por parte del intendente de Pichincha, Víctor Hugo Olmedo, Charly (como lo llaman sus fans) permanecía inmóvil y cubierto hasta el rostro por una delgada cobija habana. Lo cuidaba su manager, Hernán Gutiérrez.

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García fue retenido por la Policía la madrugada del sábado pasado, luego de los incidentes que el rockero protagonizara en el coliseo Rumiñahui durante un concierto.

“Esto me pasa porque el Intendente de acá no sabe de rock. Me acusa y nunca ha ido a un show así”, dijo García.

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Durante el tiempo que el artista estuvo en la cárcel, sus tres compañeros de celda lo observaron como a una gran estrella caída en desgracia y algunos hasta lo consolaron.

García justificó su actuación violenta -negarse a cantar y botar las guitarras y parlantes en el escenario- “al pésimo sonido que había en el local (coliseo Rumiñahui)”, según él.

Cerca de las 11h00, el intérprete rockero salió del CDP para acudir a una audiencia con Olmedo, donde se le otorgó la libertad inmediata luego de haber cumplido dos días en prisión.

No sucedió lo mismo con los organizadores del concierto, los colombianos Óscar Camayo y Ghandi Villota, quienes están prohibidos de salir del país hasta que paguen una indemnización al público que asistió al concierto de García, debido a que se violó la Ley de Defensa del Consumidor.

“Voy a exigir una compensación económica para el público, así que pido que guarden sus tickets”, indicó el intendente Olmedo.

Luego de salir de la cárcel García se fue al hotel donde se alojaba y después partió hacia el aeropuerto Mariscal Sucre para retornar a Buenos Aires.