El pasado domingo, 9 de febrero, el Ecuador asistió a una jornada electoral inédita, por lo menos, en los últimos 50 años de vida republicana.
Me refiero a la novedad de que dos movimientos políticos concentraron cerca del 90 % de los votos del electorado, como cuando en Ecuador se votaba por conservadores o liberales, antes de que irrumpiera el populismo y, luego, el multipartidismo.
¿Qué representa para el país el resultado de la primera vuelta?
Pero en esta ocasión, esa polarización de los votos en dos fuerzas no se dio de manera natural; por el contrario, fue impulsado por esas dos grandes fuerzas, con gran músculo económico ambas, con la ayuda de activistas políticos disfrazados de prensa y encuestadoras truchas que se vendieron al mejor postor.
Para rematar el cuadro, partidos políticos tradicionales en franco deterioro y con finanzas en rojo, y uno que otro oportunista, tratando de revolarse un billete del Consejo Nacional Electoral (CNE).
De modo que estamos frente a un nuevo Ecuador electoral, frente a dos visiones de país: una, la del presidente Daniel Noboa; y otra, la del correísmo, con Luisa González a la cabeza.
Y al final, la polarización, orquestada por ambos, dividió al país en dos: de un lado, el anticorreísmo (quienes odian a Rafael Correa y votarían por el mismo diablo con tal que no regrese al poder) y el noboísmo (dícese de la corriente que venera al presidente Daniel Noboa, en persona o en cartón); y del otro, el correísmo (la corriente que venera a Rafael Correa y lo quiere de regreso) y el antinoboísmo (que emula al anticorreísmo pero en inversa, contra Daniel Noboa).
De allí que en el crecimiento de Noboa y Luisa, además de sus adeptos, cada uno tiene un importante grupo de ciudadanos que votó por ellos, por ser la opción más fuerte, en un caso, para que Noboa no siga en el poder; y en el otro, para impedir que Correa regrese al poder a través de Luisa González.
Dicho esto, gran mérito de Daniel Noboa, quien, a pesar de un año complicado de gobierno, con más tropiezos que aciertos, ha conseguido proteger su imagen y convencer a casi la mitad del electorado que sí puede cambiar al Ecuador, solo que le ha faltado tiempo.
Asimismo doña Luisa, tan minimizada y denostada por los detractores de Correa, ha demostrado ser una imagen que suaviza el rechazo y la dura imagen de su líder máximo, lo suficiente como para obtener una votación histórica en primera vuelta desde la última elección que ganó Correa.
El principal problema de esta exitosa estrategia de polarización que impulsaron los dos ganadores de la primera vuelta es que era perfecta si se ganaba en una sola vuelta; pero visto el empate técnico que hay, en realidad, la convirtieron en una casi segunda vuelta, lo que les deja un muy estrecho margen de maniobra para la elección de abril.
Ello nos lleva a concluir que la elección se definirá por muy pocos votos, por lo que quien quiera ganarla deberá bañarse en aceite, tragarse el orgullo, dejar en suspenso viejas rencillas y tocar todas las puertas, ¡todas!
Seguiremos comentando. (O)