Enseñar a los jóvenes aspirantes a periodistas el oficio no resulta fácil hoy en día.
La vocación de servicio a la sociedad como razón fundamental para ejercer el oficio no existe. Quienes aspiran a convertirse en periodistas ven en la profesión la oportunidad de convertirse en influencers. En las clases al preguntarles cuál es la diferencia entre un influencer y un periodista, las respuestas eran vagas, poco claras y en algunos casos hasta creían que era lo mismo.
Pésimas noticias llegaban para los que estudiando periodismo pretendían ingresar, con título en la mano, al mundo del espectáculo que requiere poca o ninguna rigurosidad.
Todos quieren convertirse en influencers y producir contenidos interesantes y atractivos para todo tipo de audiencias. Con sus videos, publicaciones, posts llegan a miles de personas que los siguen y no quieren perderse ninguna novedad.
Con el tiempo los influencers se vuelven personas conocidas, reconocidas, que logran conectar emocionalmente con sus seguidores que aumentan aceleradamente.
Los influencers son contratados por múltiples empresas para promocionen sus marcas. El 46 % de los usuarios en redes confía en los influencers para su toma de decisiones, según estudios que se han realizado sobre el papel que cumplen estos agentes en las decisiones que toman los consumidores.
Los influencers hablan de todo, política, salud, nutrición, moda, economía, cocina, arte, deportes, etc. Saben de todo y hasta hacen juicios de valor sin miedo alguno. La gente les cree y sigue sus consejos compartidos a través de redes sociales, en muchos casos su único medio de información. Generan amplias conversaciones y opinión. Es tan grave la situación que hay influencers que hablan de salud mental y hasta dan consejos a sus seguidores sin tener ningún conocimiento profesional del tema. Y así, se convierten en famosos y hacen mucho dinero.
Los periodistas, mientras tanto, no vivimos de la fama. Mientras más discreto sea nuestro trabajo nos sentimos mejor. Nuestro trabajo tiene muchas exigencias en lo que se refiere a tratamiento de fuentes, búsqueda de documentación, contrastación y verificación. Con nuestras historias aspiramos a ayudar a la sociedad a entender qué sucede, por qué sucede y cómo le afecta. Con toda esa información, una sociedad informada podrá tomar mejores decisiones para su futuro.
Las nuevas tecnologías de la comunicación han ampliado los espacios en los que las personas se informan. No todos esos espacios, sin embargo, son de periodismo. Los influencers seguirán viviendo del show y el espectáculo. Creadores de contenidos “sexis”, que en su afán de ganar audiencias transgreden las líneas rojas del oficio faltando a la ética.
Nosotros, en cambio, no perdemos de vista el objetivo de nuestro trabajo: la gente común y corriente.
Difícil encontrar la diferencia entre los dos espacios, mas muy necesario en épocas como las que vivimos, en las que hay “supuestos periodistas” que, so pretexto de conseguir la historia, intiman con narcos que asesinan, trafican y roban sin escrúpulo alguno. (O)