Las cuatro operaciones básicas ya eran lo suficientemente incomprensibles como para que las complicaran de manera desalmada con raíces cuadradas, logaritmos y binomios cuadrados perfectos. Solo San Excel, en su infinita bondad, llegó para paliar en algo esta horrorosa situación. Pero llegó tarde, el colegio ya era historia. ¡Por Dios, pon de parte!, me rogaban, pero ¿se puede poner de parte?
Mi taita era un pan de Dios; era tan bueno y tan noble que, si no hubiera sido por su inteligencia tamaño Goliat, me atrevería a decir que rozaba la pendejura. No era pendejo, pero su nobleza y bondad no impedían que le hicieran pendejo.
Pero así y todo, con esa bondad bondadosa, tenía dos frases que me devastaban. Ante cualquier error, falta o mentira que yo cometía con frecuencia, papá me llamaba a la cordura diciendo: ¿Edad mental? Y cuando la travesura, maldad o delito menor había rebasado la lógica, tocándose la sien derecha con el índice, decía: Razón natural, hijita, razón natural.
El querido papá de una querida amiga, el Dr. Oswaldo Troya –que era igual de bueno, noble y pendejo que mi papá–, solía decirnos: El sentido común es el menos común de los sentidos. En cambio, mi marido dice que la razón natural y el sentido común jamás han existido; que los ecuatorianos nacemos pendejos por default y que nunca lograré ver un cambio.
Me niego a darle la razón, pero el tiempo se me acorta y con angustia veo que, al parecer, no tenemos componte. Trato de entender y me pregunto, le pregunto, inteligente lector:
-Si usted es perrohabiente y, con la responsabilidad que lo caracteriza, saca al perro a pasear y no recoge la caca, ¿quién cree que lo va a hacer?
-Si a usted, necesitado lector, le urge sacar dinero en efectivo de un cajero, dejar a su suegra en la puerta de su casa después de haberla soportado desde el viernes o bajar las compras… ¿por qué cree que el poner luces de parqueo le otorga la propiedad de la calle?
-Si usted, valiente lector, maneja en el denso tráfico quiteño y, aunque el semáforo esté a su favor, sabe que al pasar bloqueará la intersección, ¿para qué diablos pasa?
-Si usted, comedido lector, va a un supermercado y evita por puro amor ese suplicio a su mujer o a su marido, pero su golosina le hizo adquirir 16 artículos, ¿por qué diantres se pone en la caja registradora de “hasta 10 artículos”?
-Si usted, aseado lector, lee periódicos, ve noticiarios, sabe de ordenanzas y conoce a la perfección el día y hora en que le toca sacar la basura, ¿por qué carajos la saca cuando se le canta?
-Si usted, gran empresario lector, conoce las leyes laborales y tiene en su nómina 100 empleados, o más, ¿por qué mierda a un buen empleado le hace renunciar a los tres meses para volverlo a contratar a prueba?
Tengo 68 años y unos genes longevos que ¡qué les cuento! Hago gimnasia, como sano, no fumo, no bebo, no hablo malas palabras, no bailo pegado… ¿Creen que llegaré a demostrarle a Santi que los ecuatorianos sí tenemos sentido común y razón natural, o renuncio con vergüenza a mi optimismo militante y le digo nomás, “diunecha”, que está en lo cierto? (O)










