Si hay algo que aterra con solo imaginarlo es la clara posibilidad de nuevos apagones eléctricos que impactan duro a la economía nacional, a los productores de toda índole, inclusive a los agricultores. Fueron conocidos los afanes de bananeros, a pesar de las dudas, por migrar a la energía eléctrica, pero que a la final resultarían fallidos de asomar el monstruo de los apagones y la predicción de un fenómeno de El Niño severo; por lo que, con gran criterio, los labradores están invirtiendo en energía segura y menos contaminante como la solar, que poco a poco, con esmero privado, va ganando adeptos siguiendo el buen ejemplo y camino trazado por los eficientes inversores camaroneros, principales artífices del avance exportador ecuatoriano.
Sobre el tema se han pronunciado muchos técnicos y generadores de opinión, entre ellos el ingeniero eléctrico Juan Saavedra Mera, exvicentino, que acredita una vasta experiencia pública y privada, talentoso profesor de la Espol, con posgrado en su rama en el exterior, antes ha expresado sólidas recomendaciones que lamentablemente no han tenido eco entre los decidores de políticas públicas eléctricas, es el propulsor de conceptos como soberanía y sustentabilidad eléctrica, entendidos como la capacidad de una nación para autoabastecerse de este esencial servicio e inclusive blindarse frente a impactos de fenómenos naturales incontrolables cuando interfieren el funcionamiento de los grandes proyectos hidroeléctricos. Ya lo expresó hace dos años en una nota de este Diario, insistiendo en el factible aprovechamiento del gas del golfo de Guayaquil como respaldo a la energía hidroeléctrica dependiente de precipitaciones impredecibles.
Ahora, Juan Saavedra da un giro radical hacia las energías alternativas para hablar de un “respaldo moderno al sistema” acorde con lo que el país tiene en abundancia por su privilegiada ubicación geográfica, esto es, la energía solar sin las eventualidades e interrupciones de la hidroeléctrica y la termoeléctrica dependiente de importaciones de combustibles fósiles como diésel y gas natural. Sostiene con magistrales detalles, que la energía solar, por su bajo precio y corto tiempo de instalación y fabricación de equipos, constituye la única solución de rápida aplicación para solventar el respaldo al errático sistema hidráulico y al insuficiente e inseguro termoeléctrico. La permanente energía solar se acrecienta en la certeza de su almacenamiento, siguiendo el sistema BESS basado en el uso de baterías, guardando los excedentes y activando el mecanismo de utilización en los momentos de necesidad, determinando que la producción energética no solo se mide en kWh (kilovatios hora) sino en seguridad y continuidad del servicio.
En resumen, que esta columna recoge con entusiasmo, Juan Saavedra conceptúa que una salida viable para superar el histórico riesgo de déficit es apresurar la transición hacia energías renovables no convencionales, en las que la solar descuella, a la que deben sumarse los actores económicos, con el régimen a la cabeza, ratificando que la energía solar ya no es solo una opción, es un hito de la evolución hacia la energía limpia. (O)










