En su Actualización económica de América Latina y el Caribe que publicó el jueves, el Banco Mundial remarca que en 2026 el crecimiento de la región sería de solo 2,1 %, por debajo del 2,5 % de 2025, “a pesar de que las condiciones financieras mundiales son ligeramente más laxas y los precios de las materias primas siguen siendo favorables”.

El BM hace una severa evaluación de las estrategias económicas de América Latina tanto bajo la sustitución de importaciones que imperó a mediados del siglo XX como con la apertura económica vigente en los últimos 50 años; la región careció de una política económica coherente para aprovechar las ventajas y amortiguar las desventajas de uno y otro modelo económico.

Las empresas de sustitución de importaciones requirieron protección permanente, sacrificando al consumidor, sin llegar a ser competitivas; la apertura significó el fin de esas empresas, y que los bienes que antes producían pasen a ser importados, sin que surjan nuevas industrias y servicios que aprovechen el mercado ampliado. Las empresas ganadoras bajo uno u otro modelo fueron casos de excepción.

Impacta el contraste con Asia del este. En Asia hay apertura a la inversión privada, a la vez que empresas estatales eficientes. La apertura económica vino acompañada de colaboración entre los sectores público y privado. El Estado proveyó de buena infraestructura física, excelente educación a todo nivel. Ni China ni Vietnam tuvieron reparos en descartar políticas económicas marxistas que no dieron resultado. Mientras, en Ecuador políticos, dirigentes sindicales y educadores repiten los dogmas socialistas de hace 100 años.

El BM propone que América Latina adopte una política industrial, pero dentro de una economía abierta, emulando a Asia. Pero advierte que deben acompañarla medidas apropiadas; que exista estrecha colaboración de los sectores público y privado, y que se evite que grupos poderosos capten las políticas para su provecho.

El cambio de estrategia gana más urgencia con el retiro de los EE. UU. de la hiperglobalización y su propósito de recuperar la industria perdida, erigiendo una muralla arancelaria. Washington se propone desestimular toda importación, salvo productos primarios que no produce en cantidades suficientes. Incluso grava con aranceles punitivos al atún en conserva, porque quiere que el procesamiento del atún se haga en EE. UU.

Ecuador no sale mal parado en el estimado de crecimiento que hace el BM para 2026: 2,5%, tercero entre las siete economías más grandes de Latinoamérica, apenas superado por Perú en segundo lugar con 2,6 %. Argentina está cómodamente en primer lugar, gracias a las reformas de Milei.

Ecuador podría crecer mucho más: el 2,5 % lo impulsa el sector exportador privado: banano, cacao, metales, flores, e incluso camarón y conservas de atún a pesar del castigo arancelario de Trump. El sector petrolero, otrora dínamo de la economía, se hunde por la CC y su artera consulta popular.

Si el Gobierno reabre el sector petrolero y el catastro minero tendríamos un segundo motor de crecimiento. Si a eso sumamos como tercer motor una política industrial bien diseñada, podríamos ser el país de mayor crecimiento entre las siete principales economías latinoamericanas. (O)