Ser mundialista es excepcional. Serlo desde un país pequeño es casi milagroso y encima en minutos de gloria alcanzar una medalla, totalmente inexplicable y divino. A fin de año, dos mundiales nos regalaron ilusiones y momentos de júbilo: el de fútbol y el de pesas.

Las alegrías que dio la Tri junto con la esperanza de buenos años por venir, gracias a jóvenes en franco ascenso profesional, dependen de variables lejanas a sus esfuerzos individuales: la honestidad de dirigentes y el apoyo de periodistas y nación. Temas tristemente inconstantes. Hay malos hinchas, quizás sujetos que tienen vidas vacuas que los hace recurrir al maltrato como forma de aceptación. Algunas de esas personas son periodistas deportivos en búsqueda de polémica a costa de los jugadores. Abusan de chicos expuestos por su juventud y porque aún no tienen las herramientas que la mala educación les privó en su país. Esos comentaristas hacen gala de su incapacidad para argumentar sus opiniones, a falta de un mínimo trazo de intelecto, salen con frases e insultos soeces, critican el estilo del pelo o inventan que por masticar chicle no se concentran, petulantes promocionan mentiras como el soborno a jugadores, o el amargado que dice “Ecuador no es nada en el fútbol”, etcétera.

Angie Palacios se quedó con la medalla de plata en la modalidad de envión en el Campeonato Mundial de Halterofilia en Bogotá

El Mundial de Pesas terminó esta semana con un despliegue de calidad y varias medallas de esas mujeres grandiosas que inician las competencias rumbo a las Olimpiadas de París. Angie Paola Palacios obtuvo medalla de plata y bronce, Bella Paredes y Tamara Salazar también bronce, mientras Neisi Dajomes cuarta, sin subir al podio por apenas un kilo, empieza un recorrido en su nueva categoría. Estas mujeres no ganarán millones, pero al igual que los futbolistas de la Tri, están en la mirada de miles de niños que sueñan un día ser los mejores. Ver a las orgullosas y regias atletas olímpicas entre las mejores del planeta es un ejemplo de lo tanto bueno que puede crecer en este pequeño país.

Escogemos orgullosos alegrarnos con nuestros mundialistas, como una parábola del país posible. De un Ecuador con gente honesta...

Emulemos a Scaloni, el técnico que guió a Argentina a ser campeona: sus padres le enseñaron “una manera de entender, de nunca bajar los brazos, no ir en contra de nadie, ir para adelante siempre”. Ojalá cada vez tengamos menos críticos chabacanos desprolijos hundiéndose en el lodo de su mediocridad e indiferencia mientras en su lugar surgen más Alfonsos Laso que ayudan a mejorar la educación, a mostrar la riqueza de nuestros deportistas que agrandan el corazón de la audiencia y los sueños de tantos niños. Necesitamos que los hinchas, sobre todo los llamados a formarlos, que son los periodistas y entrenadores, también mejoren su nivel. Que busquen el arte de nuestros mundialistas para dominar algo bien, ser los mejores y en el camino inspirar a muchos más.

Escogemos orgullosos alegrarnos con nuestros mundialistas, como una parábola del país posible. De un Ecuador con gente honesta que hace su trabajo, no aquel de las trampas y la rabia cuotidiana que se amarga día a día, que no se levanta cuando se tropieza. Para mí, el ejemplo es Neisi: planificación y trabajo, sobre todo corazón para seguir pa’lante.

Gracias a las pesistas y a la Tri por darnos momentos de felicidad. ¡Que sea un gran 2023! (O)