¡Qué desastre! La invasión de Rusia a Ucrania ha dejado al descubierto la tibieza y ambigüedad de varios líderes latinoamericanos, entre ellos el expresidente de Brasil, Lula da Silva. Y es que en momentos como estos, cuando la libertad y la democracia están en juego, lo que necesitamos son líderes valientes y comprometidos, no políticos temerosos de tomar una posición firme.

¿Qué ha pasado con los líderes que tanto se jactan de ser defensores de la justicia y la libertad? ¿Dónde están los discursos apasionados que tanto han entusiasmado a las masas en tiempos de elecciones? Parece que en momentos de crisis, estos líderes simplemente desaparecen, escondiéndose detrás de la tibieza y la ambigüedad.

Lula da Silva, por ejemplo, ha sido especialmente tibio en su postura frente a la invasión rusa. A pesar de ser un líder que ha sido aclamado por su lucha por los derechos humanos y la justicia social, ha planteado un supuesto plan de paz que parte del todo mal, porque pone en igualdad de condiciones a los rusos agresores con los ucranianos invadidos, y ha sido notablemente silencioso frente a esta crisis. ¿Acaso su compromiso con los derechos humanos se vuelve relativo cuando se trata de su amigo Vladimir Putin? ¿O acaso su preocupación por la justicia social no incluye la defensa de los países más vulnerables? Lo cierto es que su propuesta de paz, que de pacífico no tiene nada, ha caido como un bloque de hielo en la comunidad internacional y de la congeladora no lo sacará ni su gira por Portugal y España. ¡Oh, Lula! ¿Quién te dijo que la política internacional era un juego de niños?

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Pero, el tema es que el caso de Lula no es único. Los líderes latinaomericanos se mueven entre el delirio y la megalomaníay lo único que hacen es el ridículo. Así pasó con el presidente mexicano López Obrador, el primero en presentar un supuesto plan de paz para Ucrania al tiempo que se abrazaba con el dictador ruso.

En general, los líderes latinoamericanos han sido igualmente tibios en su postura frente a la invasión rusa. ¿Qué decir un Alberto Fernández (el principe de la incoherencia) o de un Gustavo Petro? ¿Dónde están los llamados a la acción y las declaraciones enérgicas en defensa de los derechos humanos y la democracia? Parece que estos líderes han perdido su voz en momentos de necesidad.

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Por supuesto, Nicolás Maduro de Venezuela y Daniel Ortega de Nicaragua se han puesto del lado del dictador ruso y apoyan su guerra de conquista en Ucrania, ¿no que el discurso es anti imperialista? Ya sabemos que, en realidad, no. La postura es más bien de un infantil anti-americanismo que atrapa a gran parte de la izquierda.

En momentos como estos no podemos permitirnos líderes tibios y ambivalentes. Necesitamos líderes fuertes, comprometidos y valientes, dispuestos a defender la democracia y la libertad en todo momento y en todo lugar. La tibieza y ambigüedad solo nos llevan a la derrota.

Así que, líderes latinoamericanos, si quieren ser recordados como verdaderos defensores de la libertad y la justicia, deben tomar una posición firme en la defensa de Ucrania y en contra de la invasión rusa. El mundo está observando y esperando su liderazgo. ¿Serán tibios o valientes? (O)