La reunión de presidentes y jefes de Estado con ocasión de la Asamblea General de la ONU estuvo caracterizada por discursos relacionados con los conflictos bélicos en Ucrania, Sudán, Israel y Líbano. También por el pedido de integrar permanentemente a un miembro de los países del tercer mundo en el Consejo de Seguridad; por las críticas a la organización por promover una “agenda ideológica global” y por la preocupación sobre los cambios climáticos (expertos prevén que el nivel del mar subirá entre 15 y 30 centímetros hasta el año 2050).

El Pacto del Futuro

Es de destacar la calificación de dictadura del Gobierno de Venezuela que pronunció el presidente de Chile, Gabriel Boric.

El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, reconoció que la desconfianza y la impunidad avanzan en el mundo. Ante el Consejo de Seguridad aceptó que los conflictos armados, el hambre y el sufrimiento de las víctimas presentan un escenario en el que la legitimidad y la eficacia de Naciones Unidas y del propio Consejo de Seguridad “se ven socavadas”. Horas antes, el presidente Milei había cuestionado a la ONU, acusándola de “imponer un modelo de gobierno supranacional de burócratas internacionales” y de perder de vista sus principios fundacionales.

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La reunión de la asamblea se dio cuando Sudán enfrenta la mayor crisis de hambre, tras 17 meses de guerra (26 millones de personas con hambre aguda) y miles de civiles asesinados, mujeres violadas, comunidades enteras desplazadas (10,7 millones en total, 9 millones dentro del país, la mitad niños). El mundo parece haberlos olvidado.

Por otro lado, la guerra en Ucrania y el conflicto entre Israel, Hamás y Hezbolá siguen sin solución. Guterres advirtió el riesgo de escalada y propagación de la guerra en Ucrania y pidió el cese inmediato de los ataques rusos.

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La lucha fratricida, ideológica y religiosa entre Israel, Hamás y Hezbolá es de compleja solución. El terrorismo apuesta al todo o nada. Su nivel de barbarie se elevó la madrugada del 7 octubre de 2023 cuando Hamás asesinó en territorio judío a más de 1.000 personas y secuestró más de 250, entre adultos mayores, jóvenes e infantes, durante un festival musical. Tal crueldad se confirmó este mes, cuando asesinaron seis rehenes mientras soldados israelitas se aproximaban para liberarlos.

Se sostiene que la causa fundamental del conflicto en Gaza no es Hamás (que emplea grandes túneles para protegerse y movilizar equipo militar, con la población civil como escudo), pero anotan que es un adversario que necesita de la guerra que empezó para sobrevivir. Sin duda, la estrategia israelita contempla aniquilarlos, y forzar la paz con Hezbolá, pues de ello depende su subsistencia como Estado.

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Lo relatado es de difícil pronóstico, pero se requieren cambios para lograr una paz justa y duradera. Es preciso unir otros esfuerzos y enfoques, distintos a los propuestos por la ONU, que ha fracasado en la pacificación. Urgen nuevas iniciativas del mismo mundo árabe, especialmente de los países ricos, que se desentienden del conflicto o lo alimentan. (O)