“La planificación no es un acto de desesperación, sino una expresión de la capacidad de liderazgo. La anticipación es la madre de la victoria”, George S. Patton.
Gestionar una crisis no se limita a reaccionar ante lo inesperado; es, ante todo, anticipar lo que vendrá. La reciente crisis energética en Ecuador ilustra la urgencia de este enfoque. La fortaleza de una estrategia de crisis no radica en pronósticos, sino en el manejo efectivo de la información disponible. A partir de esta certeza construimos un plan de acción que no solo busca resolver lo inmediato, sino también prever lo que podría suceder. Aquí es donde cobra relevancia la planificación de escenarios.
En tiempos de alta volatilidad, donde los cambios son violentos y las sorpresas pueden resultar costosas, es esencial contemplar múltiples futuros posibles. La crisis actual, exacerbada por la falta de lluvias y el estado de las infraestructuras energéticas, nos obliga a reflexionar: ¿qué es realmente la planificación de escenarios? Se trata de un método que permite explorar posibles futuros, basado en variables críticas e incertidumbres que pueden influir en el desenlace de la crisis. No es predecir lo impredecible, es prepararnos ante cualquier eventualidad.
El proceso comienza al identificar fuerzas clave: tendencias sociales, económicas, tecnológicas o políticas que podrían impactar el desarrollo de la crisis. Por ejemplo, la incertidumbre en torno a la aprobación de nuevas regulaciones ambientales para la producción de energía y el comportamiento errático de los precios internacionales del petróleo son factores que afectan nuestra capacidad de respuesta.
Imaginemos, por un lado, la incertidumbre sobre la implementación de políticas para incentivar la inversión en energías renovables y, por otro, la resistencia de la Asamblea Nacional a legislar sobre el pago a generadores privados. Estas incertidumbres se colocan en un eje, generando cuatro posibles escenarios: uno muy positivo, donde se aprueban las políticas y se estabilizan los precios; otro moderadamente positivo, con un crecimiento lento, pero sostenido de las energías renovables; uno negativo, donde la inacción genera un estancamiento; y otro catastrófico, donde la falta de inversión y regulación provoca apagones prolongados y crisis económica.
Cada uno de los escenarios debe tener una narrativa, es decir, cómo se debe comunicar tanto dentro como fuera del gobierno o institución. Estas historias describen cómo podría desarrollarse cada futuro y nos ayudan a preparar la aproximación comunicacional ante cada escenario posible.
¿Por qué es importante tener este método? Porque nos saca de la ilusión de la certeza, obligándonos a prepararnos para lo inesperado. No se trata de que uno de estos escenarios se materialice con exactitud, sino que es probable que enfrentemos elementos de todos ellos a lo largo del tiempo y hay que estar preparados.
Crisis es sinónimo de incertidumbre, y nuestra respuesta debe ser estructurada, estratégica y, sobre todo, anticipada. Solo con una visión clara y un plan bien definido podremos salir adelante, el resto es cuento. (O)