¿Por qué la primera vuelta presidencial tuvo características de segunda y que, por tanto, la Revolución Ciudadana –la mayor organización política– pasase de un holgado primer puesto en las últimas elecciones, con un 33 %, en primera vuelta, pero todavía lejos de lo necesario para alcanzar la victoria en segunda vuelta, a compartir hoy el primer lugar con el presidente-candidato, a escasos puntos de la mayoría absoluta y la victoria? A breves rasgos digamos:

Que el Gobierno o, mejor dicho, el presidente Daniel Noboa dio por sentado que hiciese lo que hiciese aglutinaría las fuerzas “anti” y, en consecuencia, podía ignorar la Constitución, nombrar por decreto vicepresidenta de la República a su secretaria y que esta asuma la Presidencia; que no pida licencia sin sueldo para hacer campaña para su reelección; que ordene a la escolta presidencial cerrar la puerta en las narices a la vicepresidenta Verónica Abad, elegida por votación popular, para que no ingrese a la oficina de su cargo.

Voto a voto

¿Qué representa para el país el resultado de la primera vuelta?

Tal vez la mayor debilidad del presidente consiste en gobernar con colaboradores, en su gabinete ministerial, que son sus dependientes en sus empresas personales o familiares; personas sin experiencia política y que solo le dicen lo que quiere oír. A esa sumisión, también, se han rebajado muchos de los órganos de control, obteniendo a cambio empleos y contratos para sus familiares.

¿Podrá el presidente cambiar, rectificar, ampliar sus políticas a unas de visión más amplia? ¿Superar pequeñeces, como el de su odio a su vicepresidenta? Es movido por ese odio que ha dictado sus decretos inconstitucionales, que los ha anulado la Corte Constitucional; aunque, inconmovible, ha vuelto a encargar la Vicepresidencia y la Presidencia a la misma secretaria. En el Colegio Militar Eloy Alfaro –donde me gradué– hay un lema: “Solo venciéndote, vencerás”. Es posible que la precariedad política en que se siente por no haber ganado en una sola vuelta la Presidencia lo lleve a proceder como manda la Constitución y lo ha dispuesto la jueza que reclama se cumpla su sentencia restituyendo en sus funciones a la vicepresidenta. Eso le quitaría un pesado lastre en su campaña.

A la candidata opuesta, señora Luisa González, le corresponderá insistir en que, de ganar, solo ella gobernará.

A los dos candidatos rivales podría convenirles anunciar quiénes integrarían sus próximos gabinetes ministeriales: a la candidata González porque despejaría las dudas sobre las influencias que pudieran ejercer sobre ella sus antiguos conmilitones, y para dar tranquilidad a los mercados; y al presidente, porque presentaría una nueva imagen de su gobierno, de apertura a distintas corrientes políticas.

Es inevitable que en una campaña afloren los odios contenidos, y los provocados, pero sería más que un crimen, porque sería una estupidez el enfrentarnos entre Sierra y Costa por preferencias electorales. Responsabilizar a la Costa por ser, por sus puertos marítimos, el paso principal del tráfico de drogas, cuando es la víctima de una violencia que va en aumento, es estúpido. (O)