A fines del siglo XX y en los primeros años del XXI, el management dejó de hablar del poder como la principal fuente de creación de valor. En un entorno que prometía libertad, la creatividad, la innovación y la disrupción pasaron a ocupar ese lugar. Hoy lo que realmente está cambiando es quién tiene el poder para decidir… y quién puede actuar.
Hoy emerge otra lógica: la del poder. Una lógica que no es nueva. Hace poco Gonzalo Peltzer, en una columna de este Diario, retoma una idea de Alain Minc, ensayista francés que estudió cómo el poder se organiza y se concentra en la economía moderna, y la trae al presente: el poder nos está acercando a una nueva Edad Media.
En el feudalismo, la libertad era relativa. Se operaba dentro del dominio de otros. Unos pocos controlaban la tierra, el acceso y la protección. Muchos dependían de ellos para producir, comerciar o simplemente existir.
Hoy esos “pocos” han cambiado de forma. Son el Estado, que define las reglas. Son las plataformas, que controlan el acceso. Son quienes dominan la narrativa, que moldean la percepción. Son quienes financian, quienes controlan la tecnología y quienes concentran los datos. Son quienes controlan las cadenas de abastecimiento.
El poder ya no está en un solo lugar. Está distribuido… pero concentrado. Hoy no lo vemos igual. Pero la lógica empieza a parecerse.
Las empresas crecen, se desarrollan… pero en el fondo operan bajo el poder de otros. Y lo más complejo es que muchas no lo ven. Están creciendo mientras pierden control.
Se prioriza eficiencia, escala y velocidad. Se busca acceso rápido al mercado. Se construye dentro del sistema de otro.
Lo vemos en las políticas de Gobiernos que regulan el comercio; en las empresas que venden a través de Amazon, pero no controlan la relación con el cliente; en las industrias que dependen de cadenas de suministro globales concentradas en Asia; y compañías que crecen dentro de plataformas digitales que definen sus reglas, entre otros.
Y es precisamente aquí donde el pensamiento de Michael Porter, profesor de Harvard y experto en estrategia vuelve a ser imprescindible.
Entendió algo fundamental: la estrategia es, en esencia, parte de una lectura del poder. Hoy es momento de rescatar y actualizar sus dos herramientas: las cinco fuerzas revelan dónde está el poder dentro de la industria –clientes, proveedores, competidores, sustitutos y nuevos entrantes–; y el diamante, cómo ese poder se construye desde el entorno, la geopolítica, las condiciones del país, demanda, factores y clústeres.
Juntas permiten ver algo clave: las condiciones que revelan quién tiene el poder… y quién configura las reglas del mercado.
Este análisis es clave para tener poder de hacer.
La mayoría de las empresas gestiona lo visible –los eventos–. Algunas entienden lo recurrente –los ciclos y las tendencias–. Muy pocas entienden lo decisivo: la estructura.
Y es en esa estructura donde se define el futuro. Imprescindible para diseñar estrategias ganadoras.
El poder volvió. Entenderlo es indispensable. (O)











