En medio de la imagen que paulatinamente se deteriora de la Asamblea, existe un hecho positivo que cabe resaltar al haber aprobado recientemente el proyecto de Ley de Educación Financiera, que si bien por sí mismo no arregla el problema, constituye un avance y un hecho importante impartir esta materia en todos los niveles del sistema educativo, desde la inicial hasta la superior.

Resulta increíble y vergonzoso los argumentos exhibidos en el debate por la oposición y que pese a que algunos habían estado de acuerdo con el informe favorable de la comisión, en el pleno se pronunciaron en contra como una demostración politiquera y de lo poco que aportan a la solución de los problemas ciudadanos.

Sostener que se oponen a la aprobación e implementación de la educación financiera porque “la gente se educa solo cuando tiene plata y que no cabe porque no tienen qué administrar”, demuestra el pobre pensamiento que tienen. En el discurso demagógico, luchan por la igualdad de todos, pero quieren todos en la miseria y no en la prosperidad, con el objeto de tenerles sumidos en la ignorancia y así se aprovechan electoralmente de ellos.

Más allá de estos disparates, desde hace mucho tiempo se ha venido reclamando la necesidad de implementar la educación financiera para guiar en el buen manejo de los recursos, no importa los montos, con principios fundamentales del ahorro y administración responsable del dinero.

Como han repetido académicas expertas en la materia, aprender educación financiera desde la infancia debe ser una meta a trabajar de manera permanente y sostenida, que evite el sobreendeudamiento y que los recursos se destinen prioritariamente a la inversión productiva y no a gastos suntuarios y de consumo. Priorizar los gastos de educación, salud, vivienda, seguridad.

Implementar la educación financiera como un proceso integral que permita a los ciudadanos adquirir conocimientos, habilidades y valores para administrar responsablemente sus recursos, tomar decisiones informadas, evaluar los riesgos, prevenir fraudes, leer bien la letra pequeña cuando se va a tomar decisiones y en definitiva fortalecer su bienestar financiero. Evitar posibles prácticas abusivas de las entidades con los clientes y usuarios de los servicios financieros, tales como el fraude, las tarifas injustas y básicamente el sobreendeudamiento.

Hacer pedagogía para que las personas sean capaces de manejar adecuadamente las finanzas personales y adquieran destrezas para aprovechar los beneficios de los productos, de acuerdo con sus necesidades. Aprender sobre los principios fundamentales de las finanzas para evaluar los beneficios esperados e identificar posibles riesgos de cualquier préstamo e inversiones. Ser capaces de comprender los términos y condiciones legales de los servicios a fin de tomar decisiones informadas y ejercer de manera oportuna sus derechos.

La falta de educación financiera ha llevado al incremento de las deudas que terminan en juicios, se pone en riesgo los bienes familiares e incluso ha llevado hasta los suicidios por el sobreendeudamiento que ha crecido y por ello se pasa de la mora a la demanda y finalmente la cobranza judicial. (O)