En estos mismos días, de estos mismos mes y año, el presidente de una de las superpotencias nucleares invadió a uno de los países sudamericanos, secuestró a su presidente y su esposa –notable política, también– y se los llevó a ser juzgados en su país, por sus jueces y según sus leyes. Este inusitado hecho ha sorprendido al mundo y producido distintas reacciones en los diversos Gobiernos. Pero, según el autor del hecho, este es solamente el principio de sus planes imperiales: ya ha dicho que el Canadá debería ser un Estado más de los Estados Unidos; le ha dicho a Colombia que es su próximo objetivo; quiere intervenir en México para combatir a narcotraficantes; quiere impedir que Cuba siga recibiendo petróleo de Venezuela, sin celebrar previamente un acuerdo, lo que no es aceptable para Cuba; tal vez el más grave de los planes inmediatos del presidente estadounidense es el de apoderarse de Groenlandia, por compra forzada o invasión (esto merece un comentario aparte).
La pretensión americana de apoderarse de esta gigantesca pero casi deshabitada isla, perteneciente a un famoso pero, actualmente, pequeño Estado europeo, Dinamarca, enfrenta a Estados Unidos con un miembro de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), a la que ambos pertenecen.
La primera ministra de Dinamarca ha instruido a los soldados a disparar a quienes invadan Groenlandia. Europa quiere tener presencia militar. El problema de Europa es que, cómodamente, se colocó bajo la protección de Estados Unido, porque el peligro lo vieron solamente del Este. La justificación de Estados Unidos es que teme –dice– que Rusia y China se le adelanten en el control de este sitio estratégico para el control de las rutas del Ártico. El director de la OTAN se ha inclinado por la tesis de Estados Unidos.
Volviendo al presente, la invasión a Venezuela y el secuestro de Maduro, que está convulsionando al mundo con encontradas posiciones, a lo que me he referido antes en esta misma columna, me parece muy importante comentar que el presidente Trump reunió en la Casa Blanca a los directivos de las más poderosas compañías petroleras de Estados Unidos para exponerles su plan para la explotación del petróleo de Venezuela. Les pidió hacer una inversión de más de cien mil millones. La respuesta que recibió fue negativa: no están dispuestas a hacer inversiones en Venezuela. Hay analistas que dicen que las petroleras desconfían de lo que pueda pasar en Venezuela, y desconfían del propio señor Trump.
Digo “desbarajuste mundial” porque el señor Trump prescinde del derecho internacional y dice que se guía solo por su propia moral. Ha expulsado de su suelo a todas las organizaciones internacionales creadas a la sombra de la ONU; hace caso omiso de la soberanía de los Estados, como en el caso de Venezuela; anuncia la toma de Groenlandia con o sin la aceptación de Dinamarca. Importantes países de Europa están propugnando, ahora, el restablecimiento del diálogo directo con Rusia para terminar la guerra en Ucrania. Rusia y China deben estar disfrutando al mirar la división de Occidente, tan conveniente para ellos. (O)












