La tragedia de Taura quedará marcada, con letras indelebles: la, hasta aquí, desaparición de los cuatro muchachitos apresados por una patrulla militar estacionada en Taura. Ojalá aparecieran. Si no aparecen, esto constará en la historia, como ocurrió con la masacre de trabajadores del 15 de noviembre de 1922, relatada en el libro Cruces sobre el agua, escrito por Joaquín Gallegos Lara.

Es del interés del Estado el que todo quede explicado, y lo es todavía más de las Fuerzas Armadas, para que no pierdan su prestigio ante la ciudadanía, que confía en ellas.

Hasta aquí las explicaciones del ministro de Defensa, Gian Carlo Loffredo, han sido poco satisfactorias, y, más bien, desorientadoras. Se diría que no conoce las materias militares. El que hayan pasado como

dos semanas en reconocer los hechos iniciales indica eso. En las Fuerzas Armadas, todo queda registrado en los varios partes diarios en las unidades menores, que las someten, luego, a las superiores: en la mañana, al mediodía y en la noche. El ministro dice que la patrulla no reportó los hechos, lo que significaría que los ocultaron; el ministro debe decir con exactitud cuándo le reportaron lo ocurrido con los cuatro menores que fueron detenidos, cuál fue el destino de ellos y cuándo reportó estos hechos al jefe de Estado.

Nos dicen que la FAE va a presentar un informe sobre el caso. Hace mal el ministro en reclamarle al padre por no haber recogido a sus hijos cuando le llamaron de un teléfono de un alma caritativa, que los vio golpeados y desnudos; el padre no posee carro y esto ocurría en Taura, a 40 kilómetros de donde los apresaron.

Hay preocupación mundial: en las Naciones Unidas, la Comisión de Derechos Humanos ha dispuesto medidas cautelares de protección de las víctimas y sus familias; igual lo hacen otras comisiones de Derechos Humanos nacionales y extranjeras, que exigen la completa investigación.

Los órganos de justicia están actuando: lo está haciendo la Fiscalía con investigaciones in situ; cerca de la Base de Taura se han encontrado cadáveres incinerados, lo que hace muy difícil su identificación, pero están tratando.

Lo más grave es que se ha calificado al hecho de “desaparición forzada”, lo que es correcto.

Lo ocurrido con la actuación de la patrulla militar debe conducir a una revisión de la política de seguridad.

Las Fuerzas Armadas deben continuar apoyando las tareas de seguridad interna de la Policía, pero sin asumir el rol principal, pues, el suyo, es la seguridad externa.

Y, cambiando a otra materia, que sacude también al país, el Gobierno ha ignorado el antiguo dicho de que “el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra” y, después de revocada, judicialmente, la sanción a la vicepresidente Verónica Abad en el envío de ella a Turquía, hoy lo vuelven a intentar y a la misma Turquía, para que no pueda reemplazar al presidente Daniel Noboa cuando este entre en campaña electoral y tenga que pedir licencia, como manda el artículo 93 del Código de la Democracia. La vicepresidenta ha anunciado que permanecerá en el Ecuador para tomar posesión, interinamente, de la Presidencia. (O)