Los grupos criminales con presencia en zonas colombo-ecuatorianas son los más beneficiados con la crisis fronteriza y con el débil escenario de la política de seguridad colombiana. Este beneficio podría incrementarse con la continuidad del gobierno actual con la posible victoria de Iván Cepeda en las elecciones presidenciales.
Primero, en cuanto a la crisis fronteriza, el límite entre Colombia y Ecuador es una zona geoestratégica e históricamente débil, porque el control del Estado falla, permitiendo espacios en donde no se gobierna por parte del este (en Colombia los departamentos de Nariño y Putumayo), sino que el control lo ejercen grupos criminales que provienen en su mayoría de Colombia, interesados en el crimen organizado transnacional y quienes se disputan el control por la cocaína, la minería ilegal y otros mercados delictivos. Al darse esta crisis fronteriza, el orden que se fortalece es el informal, aumentando el contrabando y la extorsión, atomizando la violencia y la inseguridad.
Segundo, esta problemática es una confrontación entre la acción política ecuatoriana de ofensiva al crimen y el narcotráfico, y de una versión fallida de paz total que defiende el gobierno colombiano. El modelo fracasado de la política colombiana respecto a la seguridad permite que hoy se tengan en la frontera estructuras criminales más fuertes, fragmentadas y con presencia transnacional, como son el Estado Mayor Central (EMC), ELN, Autodefensas Unidas de Nariño, Comandos de la Frontera (hacían parte de las FARC), entre otros. También hacen parte estructuras ecuatorianas que antes eran nacionales y hoy tienen incidencia transnacional, como Los Choneros, Los Lobos y Los Tiguerones.
Los dos asuntos anteriores se verían fortalecidos con la elección de Cepeda como presidente de Colombia. El riesgo es muy alto: al candidato no le ha interesado actuar en contra del crimen y el narcotráfico. Él tiene conexiones ideológicas con las causas de grupos guerrilleros como ELN y FARC, con presencia en zonas fronterizas con Ecuador, en donde se ha dado el mayor incremento de violencia asociado al conflicto armado colombiano, cooptando y convocando poblaciones para que voten a favor de él.
En su plan de gobierno aborda e invita a lo que denomina “la revolución”, la lucha contra la “extrema derecha” y el “neofascismo”. De tal forma, la posibilidad de una mejora en las relaciones con el Gobierno ecuatoriano serían nulas. Sobre todo porque su concepción política es de gobernar para dedicarse a sus objetivos individuales comunistas radicales, lo cual no tendría ningún protagonismo para él la búsqueda de fortalecimiento de la frontera entre Ecuador y Colombia.
La cuestión colombo-ecuatoriana actual es compleja, y podrá empeorar según el contexto sociopolítico y electoral colombiano. A Ecuador debe interesarle qué pase con Colombia debido a que un modelo de cooperación binacional permitiría luchar de forma contundente e integral contra el crimen organizado, de lo contrario, los esfuerzos podrán quedarse cortos y débiles ante la dinamización delictiva de los grupos criminales en ambas zonas. Es trabajar por intereses de ambos Estados en su orden geopolítico y geoestratégico, lo cual debería primar por encima de visiones ideológicas e individuales como pasa con el Gobierno colombiano. (O)









