La solidaridad ante el destino inevitable, ante la muerte, provoca que las personas se desaten en loas sobre los difuntos, con o sin respaldo en los hechos. Pero, ya en los años 70, pensaba que el recientemente fallecido presidente Jimmy Carter era un pésimo mandatario y conservo ese criterio, añadiendo que, una vez que terminó su mandato, su influencia, sobre todo a través de su fundación, el Centro Carter, fue nociva. Es verdad que cuando asumió el poder en 1977 era un momento difícil, Estados Unidos estaba conmovido por el incidente de corrupción política conocido como “el caso Watergate”. La saliente administración republicana no encontró solución a la crisis económica iniciada con el embargo petrolero árabe en 1973 y aún dolía Vietnam, la vergonzosa primera derrota en una guerra internacional sufrida por Estados Unidos.

Condolencias mundiales por la muerte del expresidente Jimmy Carter

Carter no logró controlar los principales problemas económicos, la inflación llegó a cifras de dos dígitos y el desempleo no cedió. El jefe de Estado no tenía formación en economía, insistía en las recetas keynesianas heredadas de Roosevelt, consultaba a demasiados asesores y decidía tratando de complacer a todos, sin satisfacer a ninguno. Sus propuestas no lograron apoyo dentro del propio Partido Demócrata, ni entre los países amigos y socios tradicionales de Estados Unidos. Fue visto como débil e indeciso, imagen que en el campo geopolítico era mucho peor. Una serie de desatinos le hicieron perder a Estados Unidos su relación con el Irán del Sha, un aliado clave, que se convirtió en el Irán de los ayatolas, un enemigo inexorable. De esto salió una nueva crisis petrolera y también la humillante toma de la embajada estadounidense en Teherán. El gobierno americano se veía tan inerme en esos días de Guerra Fría, que la Unión Soviética envalentonada invadió Afganistán, ocupando por primera vez un país que no era miembro del Pacto de Varsovia. Washington había perdido el liderazgo mundial.

Quién fue Jimmy Carter, el expresidente estadounidense fallecido este 29 de diciembre

En las relaciones con América Latina hubo dos procesos positivos, uno, la devolución del Canal de Panamá, impecable, y otro, el impulso a la democratización del subcontinente, más discutible. Que yo recuerde, la vuelta al sistema republicano en Ecuador y Perú se debió a dinámicas internas de las Fuerzas Armadas, en las que prevalecieron los sectores constitucionalistas, no a presiones norteamericanas. Brasil, Uruguay y Argentina siguieron ese rumbo años después del fin del gobierno de Carter. En cambio, la tiranía más antigua y sanguinaria del hemisferio, el castrismo, bien gracias, siempre trató de amigarse con ella. Así mismo, permitió que en Nicaragua cayera la dictadura de Somoza sin levantar una alternativa válida a los totalitarios sandinistas. Estos, ya en el gobierno de Reagan, fueron obligados a dejar el poder con una guerra civil, pero volvieron en complicidad con oligarcas corruptos y ahora vemos qué era lo que siempre quisieron hacer. Estableció relaciones con China a pesar de que no consiguió que Pekín cediese en su posición sobre Taiwán. Terminada su presidencia el Centro Carter siguió políticas semejantes, cohonestando a los déspotas de Venezuela y Cuba. Probablemente el ahora fallecido no era malo, pero vivió porfiadamente equivocado. (O)