El desarrollo se basa en especialización e intercambio: que cada uno se dedique a lo que “mejor hace” (o “cree poder hacer mejor”, o “puede hacer mejor”) e intercambie con las especializaciones de otros, incluyendo ideas y más.
Una sociedad de libertades lo potencia, porque permite escoger en una gama más amplia de oportunidades sin que alguien (Gobierno) interfiera para “darle escogiendo o impidiéndolo”, y porque permite intercambios más amplios y provechosos. Evidentemente los aranceles interfieren con esa potencialidad, implican que “alguien” (gobierno) está decidiendo a nombre de productores y/o consumidores el atractivo de tal o cual bien o servicio (para favorecer al consumidor hay aranceles más bajos, o más elevados para proteger al productor). Hay una interferencia en dos aspectos: la libertad de elección y la eficiencia. Como imagen pensemos que los aranceles son barreras reales y cuanto más elevadas más difícil es intercambiar eficientemente. O como visión más cercana, pensemos qué sucedería si cada provincia de Ecuador decide “protegerse” frente a los productos de los demás, ¿alguien ganaría?
Sí, alguno que otro, pero globalmente todas las provincias saldrían mal.
Y esto sucede hoy. Los EE. UU. han decidido colocar “aranceles recíprocos” a casi todos los países, incluyendo un 10 % adicional a nosotros. Parten de dos ideas. Uno, EE .UU. tiene aranceles en general bajos y los demás países no son recíprocos, imponen barreras más elevadas. Dos, de ahí que tienen un déficit externo importante que le obliga a endeudarse. Interesante... pero errado.
Todos los economistas estamos de acuerdo (en eso sí) que la esencia del problema es que en EE. UU. el nivel de ahorro es bajo en relación con la inversión, y esa brecha se cubre con más importaciones y más deuda. En consecuencia la relación entre aranceles y déficit no es muy estrecha, y al aumentar los aranceles, los déficits no desaparecerán.
¿Consecuencias? Como con cualquier impuesto (los aranceles lo son). Los productos de baja elasticidad-precio (donde los agentes reaccionan poco) subirán de precio, mientras en los de alta elasticidad se verá afectada sobre todo la cantidad producida/intercambiada. Y esto puede multiplicarse si se genera una guerra de aranceles en espiral, y por la incertidumbre que afectará fuertemente la actividad. ¿Y Ecuador? El efecto más fuerte lo sentiremos por el freno de los intercambios mundiales, también en todos los productos de exportación a los EE. UU. por el costo adicional, para algunos subirá el arancel del 0 % al 10 %, en otros del 30 % al 40 %, aunque habrá algunas ventajas específicas, por ejemplo, en los productos donde la competencia asiática tendrá un incremento mucho mayor en aranceles.
¿Algo positivo? Vale pensar que, como la propuesta es “aranceles recíprocos”, quizás la estrategia es lograr que esto conduzca a negociar menores aranceles. Y ya que nosotros buscábamos con toda razón
un acuerdo de comercio con EE. UU. (menores aranceles de lado y lado), quizás es la oportunidad para hacerlo de manera más directa: bajar aranceles en una amplia gama de productos, dejando solo de lado los sensibles política y socialmente, y obtener reciprocidad. La duda es ¿se aplicaría esa reciprocidad? (O)