Lo primero que debemos hacer es dejar de quejarnos. La queja no es otra cosa que un discurso interno o externo que se transmite con la intención de expresar nuestro punto de vista, verbalizar un malestar, aliviar un dolor y la mayoría de veces con intención de criticar algo o a alguien. Sin duda la queja solo acrecienta el resentimiento, el enojo y nos quita energía.
Por el contrario, si prestamos atención al otro lado de la moneda, podremos darnos cuenta de que hay mucho que agradecer. Ocurre que nosotros los seres humanos tenemos una mente orientada a la crisis y tendemos a ser pesimistas y empatizamos mucho más con la queja. Debemos comenzar a preguntarnos si realmente encontramos algún sentido en la queja.
Agradecer o quejarse es una decisión, como lo es la felicidad. Disfrutemos de la vida...
El mejor aliado frente a la queja es comenzar a ejercitar la gratitud. El ser agradecido no solo que es un valor, sino que favorece a la comunicación con nosotros mismos y con los demás. Uno de los principios de la gratitud es vivir el presente, conectando con todo lo que sucede, sintiendo cada experiencia.
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Toma un cuaderno y cada mañana antes de salir del lugar donde vives, escribe cinco cosas por las cuales estás agradecido, al finalizar cada mañana vuelve a escribir cinco cosas que agradecer y al finalizar el día antes de dormir vuelve a escribir otras cinco cosas por las cuales agradecer. Antes de escribir las cosas con las cuales estás agradecido cierra tus ojos y concéntrate en tu respiración inhalando, reteniendo el aire y exhalando hasta quedarte sin aire, luego vuelves a empezar este ciclo de respiración, hazlo de tres a cinco minutos, el hacer tu respiración consciente, tu mente se relajará y podrás percibir de mejor forma las cosas o experiencias.
Agradecer o quejarse es una decisión, como lo es la felicidad. Disfrutemos de la vida y de las experiencias. (O)
Jimmy Javier Freire Jiménez, psicólogo, Guayaquil