El sistema de salubridad ecuatoriano está sin rumbo, parece una actividad tan atestada de pésima conducción que se sembró y perdura la podredumbre desde la década degenerada, aún no arriba a puerto: robos de medicinas, aparatos médicos en mal estado, servidores escasamente cumplen sus labores, edificios descuidados, es decir, total negativismo a pesar de los millones que el Gobierno, empresas y aportantes entregan mensual y anualmente pretendiendo alguna retribución.
Las disposiciones constitucionales obligan al Estado no solo dar atención médica sino, de manera obligatoria proporcionar la medicación respectiva, convirtiéndose en reglas incumplidas de una Constitución que no refleja el espíritu ecuatoriano: fue el descaro de unas cuantas personas pretendiendo redactar una Constitución donde constan más de 100 disposiciones que casi nunca se cumplen, esta es una de ellas.
Al momento seguimos marchando en la misma baldosa sin pretender modificar, reformar o cambiar dicho sistema que es pésimo para la salud del pueblo ecuatoriano sin que se analicen nuevos miramientos o procedimientos de cambios, por el bien de todos.
Publicidad
Me permitiré esbozar ciertas ideas, ojalá tengan algún eco, aunque sea modificatorias, pretendiendo aportar algo para beneficios de todos. El sistema actual propicia ingentes perjuicios públicos y privados, fundamentalmente, en la salud de aquel enfermo necesitado de dicho medicamento recetado, pero no despachado por una burocracia inclemente, con excepciones, ocasionándole erogaciones de sus escasos recursos económicos. ¿Por qué? Matices que hasta repugna mencionarlos.
Tantos programas, opiniones de expertos y, tal vez equivocadamente pienso, siguen en el mismo camino corrupto para la economía y salud de los ecuatorianos donde el Gobierno “desperdicia” dinero, origina malestar, dando lugar a actos de enorme impacto antiético e inmoral. ¿Qué ocurriría si se implementa el sistema de entrega de medicinas semejante a una tarjeta de crédito? Expongo:
Con la tarjeta actualizada de afiliación o de jubilación, el enfermo se acerca a una farmacia o botica, debidamente acreditada al sistema del IESS o del Ministerio de Salud Pública, con la receta en formulario oficial para que, de tener ese establecimiento acreditado al sistema, la medicina recetada por el médico institucional la pueda retirar. ¿Qué lo impide?
Publicidad
Controles: mayor efectividad en la entrega de la medicina mediante sistemas tecnológicos, evitándose robos, corrupción, entre otros. Beneficios: ahorro de dinero por no utilización de bodegas, personal, inversión en compras y economía de recursos para el sistema; y, especial para el afiliado o paciente.
Respecto a la atención hospitalaria, bien podría modificarse mediante dos fraccionamientos. Primero, al lado de unidades de la Policía de existir o en lugares con densidad poblacional justificativa, se ubiquen unidades móviles generales u hospitales móviles para primeros auxilios; y segundo, enseñar a nuestro pueblo cuidados médicos básicos para no congestionar los hospitales que serán para pacientes que requieran tratamiento especial.
Publicidad
Pregunto: ¿es que acaso no se pueden implementar nuevos miramientos tendentes al mejoramiento de la salud del pueblo ecuatoriano, evitando robos, corrupción y más agravios que son delitos? Bien vale recordar la típica fábula quiteña: “¿hasta cuándo, padre Almeida?”. (O)
Regina Zambrano Reina, doctora en Jurisprudencia, Guayaquil

















