Me encanta leer los libros clásicos, cuando la gente dedicaba más tiempo a pensar, cuando se sentaba frente a una página de papel en blanco para hacer realidad sus sueños o a plasmar en letras sus amores y apasionamientos. La forma más bella de expresión son los versos y poemas de la siempre conmovedora poesía.

Percy Shelley, poeta y filósofo inglés (1792-1822), escribió un poema que siempre me impresionó, Filosofía del amor. Imagínense filosofando sobre el sentimiento más puro y noble que haya inventado el ser humano: el amor, un dios que lo hace y lo mueve todo.

El poema dice: “Las fuentes con el río se fusionan y los ríos con el océano; los vientos del cielo eternamente se mezclan con una dulce emoción; nada aislado en este mundo está; todas las cosas por ley divina en un equilibrio se funden. ¿Por qué no el mío con el tuyo? Mira cómo besan el cielo las montañas y cómo las olas entre sí se abrazan. Ninguna flor humana será perdonada si a su hermano rechaza. Los rayos del sol a la tierra abrazan y los rayos de luna al mar abrazan. ¿De qué sirve esta dulce obra si tú no me besas a mí?...”.

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Este célebre poeta murió a los 29 años, vivió con gran pasión toda su corta vida y nos deja este gran legado, con el que nos enseña que en la vida lo mejor es amar –y con pasión– a todos los seres con quienes vives y compartes la vida. No pierdes nada y puedes ganar mucho, como la admiración de los demás.

Querido lector, comprendamos que el amor es pasión, es sentirse bien, transportado a otro planeta fuera del dolor y la frustración, el caos, la envidia y la traición; la pasión y el amor son el fruto del espíritu; no te niegues esta privilegiada dicha.

Intenta sincronizar los latidos de tu corazón en el corazón y la mente universal y ve al amor y a la pasión como lo hacen los ríos al mar, como el colibrí al polen, como la belleza a la flor. (O)

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Hugo Alexander Cajas Salvatierra, médico y comunicador social, Milagro