Hoy he vivido un momento admirable en un lugar lleno de vivencias espirituales. Al ver a tantas personas adultas mayores, comprendí algo hermoso: fue un honor estar entre ellas. Me di cuenta de que sus vidas han sido entregadas a buenos valores y a una gran sabiduría. Ver tantas cabezas blancas fue observar el reflejo de una vida vivida a plenitud: no por lo que se tiene en dinero, sino por una vida llena de paz. Se les nota agradecidos con su Creador, dan gracias por todo lo vivido y saben que vivir cada momento es un regalo. Viven el presente sin angustia, sin prisas. Vivir sin vicios y sin violencia, eso es vivir en paz. Por otro lado, veo con preocupación a nuestros jóvenes: todavía no llegan a ser adultos y ya viven una vida llena de inquietudes, queriendo todo sin esfuerzo. Sienten ansiedad por llegar a tener cosas sin trabajar por ellas, esperando que todo les llegue rápido. Están tan atentos al celular como si fuera la lámpara de Aladino, que les concedería todo lo que desean. No saben disfrutar el ahora, quieren correr hacia el futuro saltándose el proceso que les corresponde vivir. Esa prisa los lleva a cometer errores. Solo quienes respetan sus procesos, viven con valores y caminan en paz llegan a esa etapa con dignidad. (O)

Juan Carlos Andrade Rodas, Guayaquil