Las generaciones actuales de estudiantes universitarios enfrentan una alta incidencia de problemas de salud mental. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) ha advertido que, en algunos países, hasta el 50 % de los estudiantes de educación superior experimenta desafíos relacionados con su bienestar psicológico.

Entre las dificultades más frecuentes en este grupo etario se encuentran la ansiedad, el estrés, la depresión, la ideación suicida y el consumo de sustancias. Estos problemas no se explican por una sola causa, sino por la interacción de diversos factores de riesgo, como la presión académica, las dificultades económicas, las rupturas afectivas, el impacto de las redes sociales y el miedo al fracaso.

Frente a esta realidad, la actividad física constituye una herramienta valiosa para proteger la salud mental. Desde la psicología y la neurociencia se conoce que el ejercicio favorece la liberación de sustancias asociadas al bienestar, como la dopamina, la serotonina y las endorfinas, además de ayudar a disminuir los niveles de cortisol, hormona vinculada al estrés. La práctica regular de ejercicio, especialmente cuando se combina con acompañamiento psicológico, puede generar beneficios importantes a mediano y largo plazo.

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Por ello, incorporar actividad física en la vida universitaria no solo mejora la salud mental, sino también el rendimiento académico. No se trata de practicar un deporte específico, sino de encontrar una actividad que resulte agradable y sostenible.

Mover el cuerpo también es una forma de cuidar la mente y esto no solo aplica para este grupo, sino para todos. Así que no olvide realizar actividades físicas para cuidar su salud mental y cuidar su bienestar en general. (O)

Rodrigo A. Ríos Córdova, coordinador de la Escuela de Psicología de la UIDE, Loja