La noche de la masacre, los perros no dejaron de aullar en el sitio Camarones del cantón Jama, en Manabí.

La hermana de Oswaldo Márquez, uno de los siete muertos en la hacienda, dice que escucharon a los perros llorar por horas, a cada rato, pero muchos vecinos, al igual que ella, pensaban que ladraban por los chanchos o por alguna vaca que andaba suelta.

Horas después, a las dos de la madrugada, más o menos, recibió una llamada de una hermana diciéndole que corriera, porque los habían matado a todos. Le contó que una amiga suya, quien trabajaba como cocinera en la hacienda, había llegado hace poco a decir que estaban muertos.

Publicidad

Siete muertos en ataque en Jama la madrugada de este lunes, 23 de febrero

“Nos vestimos y salimos corriendo porque yo sabía que mi hermano trabajaba allí, en esa hacienda”, recuerda la mujer, quien prefirió no decir su nombre.

Cuando llegó, vio los cadáveres. Los cuerpos estaban en fila, uno al lado del otro. Ella buscaba a su hermano, pero a la vez tenía la última esperanza de que no estuviera entre las víctimas, pero estaba allí y estaba muerto. “El cuerpo de mi hermano tenía cinco disparos, el resto tenía huecos en la cabeza y en la cara”, añade.

Tomó a su hermano en los brazos. “Yo quería que se levantara, que no me dejara sola”, expresó el lunes frente a la morgue en Manta, mientras esperaba que le entregaran el cuerpo.

Publicidad

Su hermano fue una de las siete víctimas de la masacre ocurrida la madrugada del lunes en el sitio Camarones del cantón Jama, un pueblo de pescadores donde también hay haciendas ganaderas y donde hay tan pocas familias que todos se conocen.

El ataque ocurrió cerca de la una de la madrugada. Un grupo de aproximadamente diez hombres vestidos con uniformes militares llegó por la playa en lanchas. Portaban fusiles y pistolas. Ingresaron a las habitaciones y obligaron a las víctimas a salir al patio, según el informe policial.

Publicidad

Un asesinato por hora: Ecuador cerró 2025 con 9.216 homicidios intencionales, así se dividió el mapa de violencia

Los atacantes preguntaban de forma reiterada por droga, armas y dinero. Luego los formaron en filas y les dispararon varias veces, a algunos en la nuca y a otros en la cabeza. Después escaparon por el mar.

Al llegar, la Policía encontró siete cuerpos: los hermanos Nevardo Javier Loor Copiano (56), Juan Andrés Loor Copiano (38) y Leonardo Enrique Loor Copiano (52). También a Yandri Noel García Cagua (16), José Valentín Santana Canchingre, Oswaldo Enrique Márquez Murillo y Luis Alberto Párraga García (36).

Los sacaron sin zapatos y en ropa interior

Otra familiar de una víctima relató que la llamada le llegó cerca de las 01:40.

“Estábamos dormidos y nos llamaron. De verdad que los perros pasaron toda la noche aullando. Como a la una y 40 nos llaman que había una masacre, que los habían matado a todos y corrimos. Hasta entonces no sabíamos quiénes eran”, señala.

Publicidad

Al llegar a la hacienda vio a su cuñado, quien trabajaba ordeñando las vacas. Era un trabajador humilde, dice, no se metía con nadie.

Los cuerpos estaban sin zapatos, algunos en bóxeres. Dicen que los sicarios llegaron vestidos de militares y forzaron las puertas, luego los formaron y los asesinaron.

“Yo la verdad, lo único que pido es que todos nos ayudemos, esto no puede quedar así. Son siete personas que mataron, muchachos inocentes”, agrega.

Menor de 16 años habría cobrado $ 150 por un sicariato en Manta: Policía lo aprehendió

Recuerda que vio los cuerpos, uno a uno. Estaban destrozados por las balas de fusil. El efecto de una bala de fusil en el cuerpo humano es más destructivo que el de una pistola.

Al entrar, la bala desplaza los tejidos hacia afuera, creando un vacío o “burbuja” que puede ser hasta diez veces más grande que el diámetro de la bala, según un estudio realizado en Estados Unidos (Balística de heridas: movimiento y efectos de los proyectiles en el cuerpo humano).

“Yo estuve presente en todo el proceso. Al menos no los torturaron”, dice el hombre, como resignado a que en medio de la violencia que vive el país, pudo ser peor. “Los cuerpos estaban dañados por las balas, porque usaron fusiles y eso destroza el cuerpo, eso nos dijeron allá”, indica. (I)