El 25 de junio de 2025, cuando la Policía ingresó al búnker subterráneo de la lotización Monterrey, en Montecristi, durante el operativo que terminó con la captura de José Adolfo Macías Villamar, alias Fito, encontró un objeto pequeño que terminaría siendo clave en la investigación.
Entre armas, dispositivos electrónicos y documentos apareció un cuaderno espiral de pasta roja.
La libreta tenía hojas cuadriculadas y estaba dentro de los elementos incautados bajo cadena de custodia.
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A simple vista parecía un cuaderno común. Sin embargo, sus páginas contenían anotaciones que describen la logística interna de la organización criminal, con referencias a rutas de operación, pagos y nombres en clave.
El contenido de ese cuaderno se reveló en el acta de audiencia del caso Blanqueo Fito, presentada en febrero de este año.
Los investigadores comenzaron a revisar cada página. Allí aparecieron alias conocidos del mundo criminal, referencias a movimientos logísticos y anotaciones que relacionaban pagos con operaciones específicas.
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Con el avance de la investigación, la libreta dejó de ser un objeto incautado más y pasó a convertirse en una de las principales evidencias documentales del proceso.
Según la Fiscalía, el contenido permite reconstruir parte del funcionamiento interno de la estructura liderada por alias Fito y establecer conexiones entre personas, rutas y flujos de dinero.
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La letra de una odontóloga
Una pericia grafológica ordenada por la Fiscalía reveló un dato que llamó la atención de los investigadores. Los manuscritos del cuaderno corresponderían a Verónica B., pareja sentimental de alias Fito.
Ella es odontóloga, pero el expediente judicial la ubica en un rol más amplio dentro de la estructura criminal. La investigación sostiene que participaba en tareas logísticas, administrativas y financieras vinculadas al entorno del líder de Los Choneros.
Las anotaciones incluyen registros de pagos, movimientos de personas y referencias a operaciones del grupo. También aparecen alias que los investigadores vinculan con cabecillas, intermediarios y presuntos colaboradores de distintas estructuras criminales.
Para la Fiscalía, el cuaderno refleja un nivel de organización interna que combina logística, control financiero y coordinación entre actores del crimen organizado.
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Rutas, pagos y corredores del narcotráfico
Los investigadores interpretan los manuscritos como una bitácora operativa de Los Choneros.
En varias páginas aparecen referencias a rutas y líneas de operación vinculadas al tráfico internacional de drogas.
Informes de perfilación criminal indican que Los Choneros operan como custodios de corredores logísticos utilizados por redes internacionales del narcotráfico, entre ellas figuran estructuras vinculadas al cartel de Sinaloa y a disidencias de las FARC.
Según la reconstrucción realizada por la Fiscalía, las anotaciones describen una ruta que conecta a Colombia, Ecuador, México y Estados Unidos.
Dentro de ese esquema, Ecuador funciona como punto de tránsito y logística para los cargamentos ilícitos.
El expediente también menciona centros de acopio y puntos de entrega vinculados con el movimiento de droga u otros cargamentos ilegales.
Algunas anotaciones incluso hacen referencia a contratos comerciales utilizados como fachadas, por ejemplo, para introducir productos en centros penitenciarios controlados por la organización.
Los investigadores compararon el contenido del cuaderno con movimientos financieros detectados en cuentas bancarias de personas procesadas por lavado de activos.
Varias coincidencias reforzaron la hipótesis de que la libreta registra operaciones reales de la estructura criminal.
Los alias que aparecen en el cuaderno
Las páginas incluyen una extensa lista de alias que la Policía y la Fiscalía cruzaron con bases de datos y fuentes abiertas.
Ese análisis permitió asociar varios nombres con personas vinculadas al crimen organizado.
Líderes y lugartenientes
- “El Jefe” o “Las Águilas”, atribuido a alias “Tortuga”
- “Churrón” o “Jorón”, identificado como Francisco B. C., lugarteniente de “Fito”
- “Teniente J”, presuntamente utilizado por Jorge P. T., cuñado de Macías
- “Guayaco”, vinculado a Jorge B. A.
Miembros operativos
- “Manuel Pey”, integrante de la organización
- “Candela”, alias de Tomás P.
- “Ala”, identificado como Alan A., exteniente de “Fito” asesinado
- “Mono”, asociado a Jefferson S., presunto cabecilla de Los Tiguerones
Otros grupos criminales
- “Matatán”, presunto líder de Chone Killers
- “N” o “Negro Pulo”, atribuido a Julio M.
- “Pechi” o “Pecho Amarillo”, relacionado con un cabecilla delictivo
Conexiones internacionales
- “Pirata”, identificado como Antonio L., sicario del Clan del Golfo
- “Memo”, atribuido a Luis E., vinculado a disidencias de las FARC
- “Curco” o “Churco”, ciudadano colombiano señalado como autor intelectual de un atentado contra un senador en Bogotá
- “Mojarra”, identificado como Víctor C., detenido en Honduras por narcotráfico
El cuaderno también menciona otros alias como “Boyaco”, “Turco”, “Oreja”, “La Cuerda”, “Quinchulín”, “Quiara” y “Sulay”, entre otros.
¿Quién es Verónica B?
El expediente de la Fiscalía describe a Verónica B. como una figura central dentro del entorno económico de “Fito”
La Unidad de Análisis Financiero (UAFE) detectó en sus cuentas un incremento patrimonial inusual.
Entre 2016 y 2024 registró ingresos por $ 1′412.535,32, con aumentos posteriores al ascenso de alias “Fito” como líder de Los Choneros en 2020.
La investigación también señala que Briones posee el 70 % de las acciones de FERROMUNDO S.A., empresa que la Fiscalía considera una posible compañía fachada para simular operaciones comerciales.
Además, aparece vinculada a actividades económicas diversas —venta de pescado, materiales de construcción, panadería y artículos de hogar— que, según los investigadores, no presentan movimientos comerciales consistentes.
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El expediente también registra transferencias financieras hacia funcionarios públicos, policías en servicio activo y directores de centros penitenciarios, sin una justificación laboral o comercial clara.
Para la Fiscalía, el cuaderno rojo hallado en el búnker de Montecristi constituye una pieza clave dentro del proceso por lavado de activos.
Las anotaciones conectan rutas logísticas, pagos y alias que luego aparecen vinculados con movimientos financieros detectados en cuentas bancarias de los procesados.
Ese cruce de información permitió a los investigadores reconstruir parte de la estructura operativa y financiera de la organización. (I)







