En el dispositivo móvil de Fausto Freire, docente de la Facultad de Ciencias de la Ingeniería e Industria de la Universidad UTE, se puede ver la ubicación del nanosatélite de esa entidad que orbita en el espacio.

En el centro de monitoreo satelital, en el norte de Quito, contó que la universidad tiene un programa de investigación aeroespacial desde hace aproximadamente diez años.

En 2017 lanzaron el primer nanosatélite. Dos años después, un segundo, y en diciembre de 2025, el tercero, como parte de la última misión de la corporación estatal Roscosmos.

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Según la Universidad UTE, cuenta con una planificación estratégica enfocada en la investigación científica aplicada y en el uso de datos espaciales para el análisis ambiental y la gestión de riesgos.

El dispositivo mide 30 centímetros. Foto: Cortesía

Objetivos de las misiones satelitales

Sostuvo que cada misión tiene diferentes objetivos. El primero fue conocer la factibilidad mecánica y de supervivencia del satélite. Además, tenía incorporado un sensor para medir partículas de alta energía.

El segundo se definió para analizar la parte energética del sistema durante el vuelo.

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Y en el tercero se incluyeron más sensores, por ejemplo, del campo magnético de la Tierra, de partículas cósmicas, de interferencias electromagnéticas y una cámara.

Participación estudiantil y lanzamiento

Señaló que es una experiencia única que tienen los estudiantes de Mecatrónica, porque son los que desarrollan y forman parte de esas iniciativas.

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En el último lanzamiento, por ejemplo, se seleccionó a tres jóvenes de los últimos semestres de esa carrera para que trabajaran con su contraparte, la Universidad Estatal del Suroeste de Rusia, en la parte final del satélite.

Agregó que participan en todo el desarrollo del proyecto. Se trabajó en los diseños electrónicos y mecánicos del satélite y en la etapa final viajaron a Rusia.

El día del lanzamiento, el satélite se lanzó desde el cosmódromo Vostochni, frontera entre Rusia y China.

Características y futuro de los nanosatélites

Los satélites académicos tienen un largo de 30 centímetros, un ancho y una profundidad de 10 centímetros.

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El siguiente paso es lanzar un enjambre de satélites más pequeños con inteligencia artificial que puedan comunicarse entre sí y, en caso de que uno deje de funcionar, otro asuma la funcionalidad del que se dañó.

Además, incursionar en comunicaciones con láser.

Experiencias de los estudiantes

El grupo de alumnos que desarrolló el satélite de 2019 actualmente trabaja en Europa, en el área satelital, añadió el profesor.

Para 2025 intervinieron tres alumnos.

Matías Benalcázar, de 22 años y egresado de la carrera de Mecatrónica, fue uno de ellos.

Mencionó que comenzaron con una investigación sobre aplicaciones para nanosatélites. Se desplazaron a Rusia y fueron capacitados en cómo comunicarse con el nanosatélite a través de los protocolos que tiene implementados.

También cómo funciona ese dispositivo, según su electrónica, y los sensores que están operativos, y después regresaron a implementar principalmente los softwares y el aprendizaje necesario en la base satelital para hacer una comunicación correcta con este cuando ya esté en órbita, explicó.

La mecatrónica, manifestó, es la mezcla de cuatro ingenierías: la mecánica, la electrónica, la programación y las ingenierías de control.

También intervino Dylan Lemus, de 21 años, estudiante de la carrera de Mecatrónica. Apuntó que en Rusia aprendieron un poco de la telemetría del nanosatélite.

Hicieron pruebas de la recepción de datos para determinar qué era lo que iba a recibir el nanosatélite, cómo iba a funcionar la cámara que tiene integrada y así calibrar para ver cómo se verían las imágenes.

El nanosatélite, detalló, está compuesto de varios materiales, como aluminio, paneles solares, baterías, una cámara y una especie de antenas para su orientación.

Su expectativa es integrarse al ámbito aeronáutico o al control de vuelos en el futuro.

Emilio Endara, de 22 años y quien cursa el octavo semestre de la carrera de Mecatrónica, fue otro de los alumnos seleccionados. Expresó que en el país se encargaron de realizar los diseños de la electrónica, desde la parte de potencia y las comunicaciones, en un software dedicado a diseños eléctricos.

En Rusia trabajaron en la parte electrónica real, en las placas de potencia y de telecomunicaciones.

Los estudiantes estuvieron en Rusia para capacitarse. Foto: Cortesía

Funcionamiento y control del nanosatélite

El nanosatélite está dando vueltas alrededor de la Tierra. Su tiempo de vida es de aproximadamente un año. Después caerá, se quemará y se evaporará.

Da 16 vueltas a la Tierra cada día, por lo que aproximadamente cuatro veces pasa cerca del territorio ecuatoriano.

En ese momento, señaló el docente, encienden la estación para empezar a recibir información, como la telemetría del satélite, es decir, datos sobre la temperatura, el estado de las baterías y de los paneles solares.

El control del satélite lo hace la universidad a través del envío de señales para activar, desactivar cámaras y tomar fotos.

La información es solamente de cómo está funcionando internamente el dispositivo, expresó. (I)