Una intensa actividad solar encendió las alertas de los centros de monitoreo espacial esta semana, luego de que el sol liberara una potente llamarada de clase X acompañada de una eyección de masa coronal (CME, por sus siglas en inglés) dirigida directamente hacia la Tierra, que podría impactar el planeta en las próximas 24 horas.
Según previsiones de la Oficina Meteorológica del Reino Unido (Met Office), si la CME llega como se espera y presenta una orientación magnética favorable, podría desencadenar una tormenta geomagnética fuerte (G3) o incluso severa (G4) durante la noche.
De alcanzarse esos niveles, las auroras boreales podrían ser visibles mucho más al sur de lo habitual, incluso en regiones como el norte de California y Alabama, en Estados Unidos.
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Los especialistas en clima espacial continúan analizando datos y ajustando modelos para precisar el momento exacto de llegada de la CME, una tarea compleja debido a la dificultad de predecir su velocidad, trayectoria y, especialmente, la orientación de su campo magnético.
La clave está en el componente magnético conocido como Bz. Si este se orienta hacia el sur, puede acoplarse con el campo magnético terrestre y permitir que una gran cantidad de energía ingrese a la magnetosfera, provocando tormentas geomagnéticas intensas. Si, por el contrario, el campo magnético de la CME se orienta hacia el norte, la mayor parte de esa energía sería desviada, reduciendo considerablemente sus efectos.
En algunos casos, las CME contienen una mezcla de campos magnéticos orientados al norte y al sur, lo que puede generar actividad geomagnética intermitente e impredecible. La orientación real solo podrá confirmarse cuando la eyección esté más cerca de la Tierra y sea medida directamente por satélites de monitoreo del viento solar como DSCOVR y ACE.
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La llamarada solar fue clasificada como X1.9, una de las categorías más altas en la escala que mide la intensidad de estos fenómenos, que va de A, B, C y M hasta X, con incrementos de diez veces entre cada nivel.
El evento se originó en la región activa AR4341 y alcanzó su punto máximo a las 13:09 (hora del este de EE. UU.), según el Centro de Predicción del Clima Espacial de la NOAA.
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La erupción provocó apagones de radio de nivel fuerte (R3) en el lado iluminado de la Tierra, con las interrupciones más severas concentradas sobre el continente americano.
Las eyecciones de masa coronal son enormes expulsiones de plasma solar cargadas con campos magnéticos que, al interactuar con la magnetosfera terrestre, pueden desencadenar tormentas geomagnéticas. Estas se clasifican desde menores (G1) hasta extremas (G5).
Tormentas de magnitud G3 o G4 pueden afectar operaciones satelitales, degradar los sistemas de navegación GPS, aumentar la fricción atmosférica sobre naves espaciales y, al mismo tiempo, intensificar la actividad auroral, llevando las luces del norte a latitudes medias, alrededor de los 45 grados. (I)


















