En la superficie lunar, robots excavan y extraen un tipo de helio tan escaso en la Tierra que se estima que un recipiente del tamaño de la palma de la mano vale millones. Una vez procesado, este recurso se carga en un lanzador y se expulsa de vuelta a la Tierra.

Esta visión, propia de la ciencia ficción, la recreó el diario británico The Guardian, para señalar que en la actualidad ya hay varias empresas que recaudan fondos para sustraer estos recursos y ser las primeras en beneficiarse de esta incipiente economía lunar.

“No se trata de si ocurrirá, sino de cuándo”, afirmó Rob Meyerson, fundador de Interlune, a ese medio e comunicación. Su firma, con sede en Seattle, es una de las varias compañías que exploraron la luna en el siglo XXI.

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Meyerson laboró en el programa del transbordador espacial, pero -según The Guardian- dejó la NASA para ayudar al magnate estadounidense Jeff Bezos a convertir su empresa espacial, Blue Origin, de un pequeño proyecto en una importante compañía aeroespacial. Para su próxima ambición, que está a unos 385.000 km de distancia, ya han recaudado unos $ 18 millones de inversores.

El artículo del diario británico detalló que la luna posee “recursos extremadamente escasos” y que Meyerson se centra en el helio-3, un gas producido en el sol y presente en la Tierra en cantidades ínfimas.

En la superficie lunar, explicó este portal, se ha depositado durante miles de millones de años por el viento solar. Este recurso, añadió, se usa en diagnóstico por imágenes médicas, pero también tiene “cualidades que podrían resultar vitales para la computación cuántica y, teóricamente, para la fusión nuclear”.

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Meyerson afirmó a The Guardian que la oferta disponible es extremadamente limitada: “Es un producto cuyo precio es tan elevado que justifica el envío al espacio y su posterior regreso a la Tierra”.

La misión espacial Artemis II es la primera en enviar a una tripulación de cuatro astronautas de regreso a la luna desde 1972 y es parte de una serie de expediciones que la Nasa prevé que den como resultado una presencia humana permanente, incluyendo el proyecto de construir una base lunar.

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USA9615. CABO CAÑAVERAL (ESTADOS UNIDOS), 01/04/2026.- Fotografía cedida por la NASA donde se muestra el cohete del Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS) y la nave espacial Orion de la misión Artemis II durante su despegue este miércoles, en el Complejo de Lanzamiento 39B del Centro Espacial Kennedy en Cabo Cañaveral (EE.UU.). La histórica misión Artemis II, que busca el primer regreso del ser humano a la Luna en más de cincuenta años, despegó con cuatro astronautas con el objetivo de alcanzar la órbita lunar durante sus 10 días de duración. EFE/ Bill Ingalls / NASA/ SOLO USO EDITORIAL/NO VENTAS/SOLO DISPONIBLE PARA ILUSTRAR LA NOTICIA QUE ACOMPAÑA (CRÉDITO OBLIGATORIO) Foto: EFE

China, en cambio, prevé realizar un alunizaje tripulado antes del 2030. A esto se suma, de acuerdo al diario británico, la creciente participación de firmas privadas en el negocio de los satélites, por lo que “la exploración del espacio está experimentando un renacimiento, aportando una energía renovada que no se veía desde los tiempos del programa Apolo”.

The Guardian recordó que hace una década una operación comercial para extraer minerales de la luna no habría sido factible, pero el crecimiento explosivo del acceso privado al espacio a través de empresas como Blue Origin o su competidora SpaceX ha hecho que los negocios fuera de la Tierra sean cada vez más posibles.

Interlune no es la única compañía que investiga el helio-3, señaló el diario británico, el cual destacó que también ispace -firma japonesa de exploración lunar con sede en Tokio- se ha asociado con la empresa estadounidense Magna Petra. Esta última afirmó estar desarrollando un método de recuperación de helio-3 del regolito lunar “basado en inteligencia artificial” y “no destructivo y energéticamente eficiente”.

“Apostamos a que el coste de acceso a la luna bajará”, aseguró Meyerson a The Guardian. Este empresario confirmó que se asoció con el exastronauta Harrison Schmitt, de 90 años, quien funge como presidente ejecutivo.

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Schmitt, el único geólogo que caminó sobre la Luna, como parte de la última misión tripulada estadounidense, el Apolo 17 de 1972, ha defendido la extracción de helio lunar desde la década de los ochenta.

Angel Abbud-Madrid, director del centro de recursos espaciales de la Escuela de Minas de Colorado, afirmó para The Guardian que la clave para la viabilidad de la extracción de helio-3 residirá en si el regolito lunar tiene una concentración suficientemente alta de este elemento.

El catedrático usó la metáfora del “oro en el océano”: el mar está repleto de millones de toneladas de diminutas partículas de oro flotando, pero ninguna empresa intenta extraerlas. ¿Por qué? “Se encuentra en concentraciones extremadamente bajas, por lo que el coste de extracción no se compara ni siquiera con el precio del oro”, explicó Abbud-Madrid.

Por esta razón, Interlune prevé enviar una cámara multiespectral al polo sur lunar a finales de este año para -según la publicación digital- evaluar no solo las cantidades sino también las concentraciones de helio-3.

Dudas sobre impacto ambiental

El director del centro de recursos espaciales de la Escuela de Minas de Colorado, Ángel Abbud-Madrid, afirmó para The Guardian que cuando empezó a estudiar la minería espacial hace 25 años, había entusiasmo. Pero ahora, sostuvo, cada vez hay más dudas sobre el impacto medioambiental.

“La Luna ha sido objeto de adoración durante milenios. Todas las civilizaciones la han considerado un lugar con connotaciones filosóficas y religiosas”, afirmó al diario británico. “Puedes ir a un asteroide y destruirlo, hacer lo que quieras; es solo uno entre millones. Pero la Luna, la ves todas las noches… ¿Está bien? Es una pregunta muy válida que se ha planteado últimamente y que debe abordarse en algún momento”, acotó.

Los astrónomos han advertido que las operaciones mineras afectarían la posibilidad de realizar investigaciones científicas desde la superficie lunar. Por ello, científicos han pedido la protección de ciertas áreas consideradas ‘extraordinarias’ y que incluyen zonas en los polos y la cara oculta de la Tierra.

“No estamos pidiendo que se prohíba la mitad de la Luna o una zona enorme a las actividades comerciales o de exploración. Solo pedimos que se permitan algunas pequeñas zonas de la Luna”, expresó Martin Elvis, astrónomo del Centro Harvard-Smithsonian de Astrofísica en Massachusetts, a The Guardian.

En un congreso astronáutico celebrado el año pasado, Elvis cuestionó sobre cómo proteger adecuadamente estos lugares, ya que el aspecto legal de la minería lunar es “poco transparente”.

Un Tratado del Espacio Ultraterrestre de 1967 establece que ningún país puede reclamar la propiedad de un cuerpo celeste como la luna, pero no hace referencia a las actividades comerciales, refirió el diario británico.

Para Meyerson, hay espacio para empresas y científicos: “la Luna es enorme”, y apuntó a ese medio que su equipo quiere operar “con criterio, de manera que el lugar pueda volver a utilizarse en el futuro”.

Pero Interlune es solo uno de los participantes en la carrera global por establecer una presencia en la Luna. La misión china Chang’e-6, de acuerdo a la publicación, logró traer de vuelta muestras de la cara oculta de la Luna en 2024, incluyendo helio-3.

Medios estatales chinos señalaron que los datos de la misión ayudarían a Pekín a estimar la cantidad total de helio-3 en la Luna, que describió como una “fuente de energía para el futuro”. (I)