Tras completar un histórico sobrevuelo lunar, la misión Artemis II de la NASA emprendió su regreso a la tierra, con los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen a bordo.
Aunque han recorrido más de 1,1 millones de kilómetros en total, los últimos 160 kilómetros del viaje serán los más peligrosos.
La nave Orion entrará este viernes, 10 de abril, en la atmósfera terrestre a una velocidad estimada de 38.367 kilómetros por hora, lo que equivale a unos 23.840 mph.
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Los minutos más críticos
El momento clave del regreso comenzará a unos 120 kilómetros sobre la Tierra. A partir de ahí, la cápsula quedará envuelta en una bola de plasma generada por la fricción con la atmósfera, alcanzando temperaturas cercanas a los 2.760 grados Celsius.
Durante estos minutos, el escudo térmico de Orion, el más grande jamás construido para una nave tripulada con un diámetro de cinco metros, será el encargado de proteger a la tripulación. Está compuesto por una base de titanio recubierta por 186 bloques de un material resistente al calor llamado Avcoat.
Durante el descenso, la cápsula experimentará sacudidas intensas mientras atraviesa la atmósfera, y las comunicaciones con la Tierra se interrumpirán temporalmente debido al plasma que rodea la nave.
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Para aminorar los riesgos, la nave entrará con un ángulo pronunciado, lo que reducirá el tiempo de exposición al calor extremo.
A medida que la nave pierde velocidad y altura, se desplegarán paracaídas iniciales para estabilizar la cápsula y luego dos de frenado que reducirán progresivamente la velocidad.
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En la fase final, se abrirán tres paracaídas principales, cada uno de más de 35 metros de diámetro, que permitirán desacelerar el descenso a menos de 32 km/h. Suspendida a unos 80 metros por debajo de ellos, la cápsula alcanzará una velocidad segura para el amerizaje.
El descenso culminará la noche del 10 de abril en el océano Pacífico, donde equipos de rescate de la Marina de Estados Unidos, desplegados desde el USS John P. Murtha, estarán listos para la operación.
Una vez en el agua, la cápsula flotará y los astronautas serán extraídos y llevados a tierra firme. (I)
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