Desde que se enteró que clasificó para el Campeonato Sudamericano Age Group y Júnior de Gimnasia Artística en Paraguay, en la rama de gimnasia artística, Dylan Salguero no ha dejado de entrenar.

Él tiene 10 años y sueña con escuchar su nombre, cantar el himno nacional y recibir la medalla de oro en otro país.

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Su amor por este deporte empezó a los 4 años, cuenta su madre, Adela Molina. “Una profesora descubrió su destreza porque veía que tenía esa flexibilidad para la gimnasia. Fue exonerado y comenzó a practicar seis horas diarias”, dice.

Con el tiempo, Dylan obtuvo su primera medalla y, a lo largo de seis años, sumó 64. De estas, 45 son de oro, 9 de plata y 10 de bronce. Todas las ha obtenido en campeonatos nacionales y uno internacional, pero desarrollado en el país, como las tres preseas de oro ganadas en la Copa Internacional de Gimnasia Artística.

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Como Dylan fue seleccionado para el campeonato internacional requerían de ingresos para costear los pasajes de avión y la estadía. Su madre vendía bollos y su padre limpiaba piscinas.

Con los apagones, generados por la crisis energética en el país, perdió algunos de los productos. Sin embargo, buscó la manera para continuar. Así también recibieron donaciones. Esto logró que Dylan cumpliera su meta: tener los recursos para viajar.

Este 24 de noviembre está previsto que Adela viaje junto con Dylan a Paraguay, el 27 es la competencia. El niño se ha esforzado mucho para representar a su país.

Familia deportista

A Dylan le gusta aconsejar a sus hermanos, quienes también se muestran interesados en el deporte. Ellos practican pesas. “Sus hermanos están viendo el ejemplo de Dylan, que si se concentran, si se esfuerzan, ellos van a hacer lo mismo. Dylan le decía a su hermana mayor: ‘Si te duelen las manos, tienes que seguir porque, si no, no vas a poder alcanzar lo que tú quieres’. Le decía cuando íbamos en el bus. Él es muy maduro para su edad”, cuenta su madre.

La familia de escasos recursos espera cumplir el sueño de su hijo, que le costó seis años de entrenamiento. “Como mamá, atrás estoy con ellos animándolos y ellos ven el sacrificio que uno hace por amor, yo me siento feliz”, dice Adela, quien filma a esos niños para recordar los momentos y también subirlos a redes sociales, a la espera de que más personas se sumen al sueño. (I)

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