Una investigación publicada el pasado 9 de marzo reveló que la sal comercializada para consumo humano en Guayaquil contiene microplásticos.
Los científicos analizaron 45 muestras de sal marina, de mesa (común), de roca, rosada y azul que se vende en tiendas y supermercados de la ciudad. Encontraron microplásticos en todas.
La investigación fue publicada en la revista científica internacional Microplásticos. Es de autoría de Brian Villafuerte-Campi, Beatriz Pernía, Ericka Maldonado-Narváez, José R. Mora, Maritza Guaya-Guaya, Maritza Cárdenas-Calle, Josué Zambrano, Angie Calva-Ruiz y Jenny Rosero-Lozano, investigadores de la Universidad de Guayaquil, Universidad San Francisco de Quito, fundación Bioelit y consultora Sisgae.
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Las muestras de sal marina tuvieron la mayor concentración de microplásticos, seguidas de las de sal de roca, de mesa y rosada.
De acuerdo con la investigación, la sal puede resultar contaminada con microplásticos de forma directa en los ecosistemas marinos, infiltración de agua subterránea, y durante el proceso de producción y empaque.
Más del 90 % de las partículas encontradas en las muestras correspondieron a fibras azules, lo cual señalaría que el origen de la mayoría de la contaminación sería la industria textil.
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En consecuencia, los autores de la investigación recalcaron la necesidad “urgente” de implementar regulaciones para evitar la contaminación de los productos de sal.
Además del análisis de las muestras, el estudio detalla una encuesta realizada a 435 habitantes de Guayaquil. El 85,7 % dijo estar dispuesto a pagar más por sal sin contaminantes y el 95,4 % expresó apoyo a aplicar medidas regulatorias contra microplásticos en alimentos.
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Los microplásticos pueden tener una serie de efectos adversos en la salud humana, como inflamación, disrupciones en el sistema endócrino, y toxicidad genética, reproductiva, gastrointestinal y del hígado. También pueden arrastrar metales pesados, drogas, hormonas, pesticidas, antibióticos, detergentes y otras sustancias nocivas.
Aunque la concentración de microplásticos parecería baja en términos absolutos, la sal es consumida a diario y representa un vector importante de exposición. Los ecuatorianos, además, consumen 6,2 gramos de sal al día (excediendo la recomendación de la Organización Mundial de la Salud), lo que potencia el problema.
Los microplásticos más pequeños tienen la capacidad de cruzar la barrera intestinal y alcanzar órganos como el hígado, riñón y el bazo. La acumulación de microplásticos también está asociada con el desarrollo de cáncer colorrectal.
Este estudio también confirma una tendencia global. Estudios en países como Brasil, Bangladés, Indonesia, India, Turquía, Sri Lanka y Vietnam también encontraron microplásticos en sal de mesa vendida a sus poblaciones. (I)
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