Por Sonia Yánez Blum (Twitter: @soniayanezblum)

Especialista en IA aplicada a la comunicación y reputación online

El domingo pasado fue el debate presidencial en Ecuador. Y no, esta vez no solo fui corriendo a ver en X o TikTok qué decía la gente.

También observé cómo, a medida que pasaban las horas, ya no importaba tanto lo que decían los analistas políticos, sino lo que respondía Grok, la IA de X, sobre lo que ocurrió.

Esa fue la primera señal de que el posdebate ya no se vive igual.

No vivo en Ecuador; por lo tanto, desde aquí, en otro huso horario, los medios internacionales, las agencias y hasta el público reaccionan de forma diferente.

Hubo gran interés por la invitación a la prueba antidoping y por los límites que puso el presidente sobre no meterse con los hijos ni las exparejas en el debate. Esos detalles se convirtieron en puntos a favor de Noboa acá en Europa y en EE. UU.

Mientras en Ecuador, el primer meme en viralizarse fue el de la cara de Lasso con el cuerpo de Luisa, gracias a la frase “Andrés, no mientas otra vez”, que quizás no era el efecto deseado.

Así, la frase de Luisa: “No, Noboa, no mienta” no generó insumos ni para el debate ni para el posdebate. Solo quedó como un recuerdo, una versión adaptada de lo que dijo Guillermo Lasso años atrás.

Mientras tanto, la rana se llevó la corona de los memes. Lejos de esta postura, el debate 2.0 alcanzó su pico de importancia, que para el 26 de marzo ya comenzaba a diluirse.

¿Cuál equipo de comunicación tuvo los insumos para capitalizar el posdebate? Parece que el de Noboa.

Mientras tanto, la campaña de la candidata González tuvo como primera acción una entrevista en un canal tradicional para controlar los daños por sus frases o su estilo acelerado en el debate, y activó sus grupos de apoyo. Esto frente a un Noboa que prefirió ir a Radio Canela, mostrarse sonriente pero también hacer planteamientos.

La forma en que vivimos y analizamos los debates políticos ha evolucionado drásticamente. En Ecuador, pasamos de ser espectadores pasivos frente al televisor a participantes activos en plataformas digitales.

Ahora, con la irrupción de herramientas de inteligencia artificial, como Grok (X/Twitter), ChatGPT, Gemini o Claude, entramos en una nueva era: el posdebate 3.0.

¿Qué implica esta transformación?

Para comprenderlo, trazo una breve línea de tiempo:

  • Debate 2.0: La ciudadanía interactúa en tiempo real a través de redes sociales, utilizando hashtags, comentando y viralizando momentos clave, moldeando así la opinión pública.
  • Posdebate 2.0: Surgen análisis en TikTok, hilos detallados en Twitter, encuestas instantáneas y resúmenes elaborados por periodistas, influencers o medios digitales.
  • Posdebate 3.0: Los usuarios recurren directamente a la IA para obtener respuestas inmediatas a preguntas como “¿Quién destacó en el debate?”, “¿Es veraz la afirmación de cierto candidato?”.

La inteligencia artificial no se limita a recuperar información; ahora es capaz de analizar discursos, contrastar posturas, verificar hechos, simplificar tecnicismos y generar resúmenes personalizados en cuestión de segundos.

Posdebate 3.0: ¿estamos listos para que la inteligencia artificial también opine de política?

En las primeras horas posteriores al debate se destacó la actitud tranquila de Noboa y la mención de su hija. Tarea cumplida: no perdió su rol de presidente. Para Luisa, hubo felicitaciones por su postura firme; pero, con el pasar de las horas, también aparecieron críticas por su reacción frente al caso Liga2, especialmente desde el sector femenino.

Y mientras todo eso ocurría, las preguntas a Grok o ChatGPT sobre el resultado del debate continuaban. Hay un encanto adicional por el estilo irónico de Grok; al responder directamente desde X, genera más conversación y participación.

En este punto, la IA se convierte en una herramienta clave para medios, equipos de comunicación y ciudadanos. Nos permite aprovechar las nuevas tendencias que, en comunicación política y Digital PR, en este 2025 se imponen:

  • Personalización
  • Proyección de datos
  • Multiplicidad de análisis
  • Ética aplicada a la IA

Aunque aún no hemos alcanzado un posdebate 4.0 —que podría integrar tecnologías como realidad virtual, blockchain electoral o análisis predictivo del impacto social—, estamos claramente en camino hacia esa dirección.

Este nuevo panorama plantea interrogantes fundamentales:

  • ¿Cómo podemos educar a la ciudadanía para interpretar adecuadamente la información proporcionada por la IA?
  • ¿Estamos preparados para regular y supervisar la influencia de la inteligencia artificial en los procesos democráticos?

El posdebate 3.0 ya es una realidad. Así, en el Ecuador podríamos decir que se ha dado una de las primeras interacciones respecto a un análisis más profundo a los gestos, mensajes, contenidos generados; recordando que, si es cierto que en las elecciones de Donald Trump o en la primera vuelta me dirán que la IA ya existía, les recuerdo que una semana y varios meses en el mercado de la IA significan nuevos avances y funciones. De esta forma, la política ha trascendido las tertulias y las redes sociales para establecer diálogos con algoritmos. Es urgente que, como sociedad, nos adaptemos y comprendamos las implicaciones de esta nueva forma de interacción política.

Y para quienes trabajamos en comunicación, entendamos que cuando una campaña tiene buenos “bytes” o mensajes concretos para aprovechar, se capitaliza en votos. Pero antes, recorre un camino todavía desconocido… Que baila entre las interacciones en redes sociales y los algoritmos.

¿Y quién ganó el debate según la IA? Mejor pregúntele usted mismo a Grok.