En la Escuela Politécnica Nacional (EPN), la educación también camina en cuatro patas. Max, Bruna, Asiri, Franzuá y Zuquito conforman un proyecto estudiantil que nació hace doce años con el afán de cortar de raíz un problema social que hasta ahora causa estragos en la sociedad.

El exceso de perros callejeros y el maltrato constante a la especie incentivaron la creación de un club de bienestar animal que debía cargar con la identidad de la universidad.

Así se fundó Poliperros, el hogar de cinco canes comunitarios y el refugio de muchos que con la mirada claman por amor, cuidado y comprensión.

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El nacimiento de Poliperros en la EPN

“Nace como una iniciativa estudiantil, (pues se) empezaron a generar ideas para solventar los problemas de fauna urbana. Atrapar, esterilizar y dar en adopción; algunos fueron dados en adopción, pero otros se quedaron como perros de la comunidad”, inició María Fernanda Orquera, coordinadora del club de Bienestar Animal de la Escuela Politécnica Nacional.

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Fueron varias chicas, allá por 2013, que encontraron a Max, el canino más veterano de la camada, vagando por los pasillos de la universidad.

Franzuá con María Fernanda. Este canino es el más famoso del grupo Poliperros por su presencia en redes sociales. Foto: Alejandro Ortiz

Pensaron que al día siguiente se iría; sin embargo, Max ya había encontrado un hogar en la Escuela Politécnica Nacional.

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Ese fue el puntapié, la motivación para entregarse por completo a un proyecto que ahora lo comandan profesores y trabajadores de la institución.

Los canes comunitarios y sus personalidades

Aunque las chicas que empezaron esto ya se graduaron, no se han desvinculado, todas participan en el club y siempre están pendientes, porque ellas aman a los perros y principalmente a Bruna, Asiri y Max, que son los más longevos. Max tiene 16 años y Bruna y Asiri, 9 años cada una”, mencionó María Fernanda.

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Transitar por la Escuela Politécnica Nacional significa sentir esa dosis de estrés y ternura equilibrada que solo los perros pueden lograr. Ellos conviven con la vida universitaria y tienen un espacio asignado para su descanso y para recibir cuidados.

Franzuá es el más sociable de todos y el más famoso, pues en redes ha causado furor, pero Max es el más aclamado al ser el fundador de Poliperros.

“Son parte de nosotros, dentro de la Poli es como normal tener perros y hacerlos parte. Es muy raro para otras universidades que los perros sean tan importantes, pero aquí lo son. Max, principalmente, ha estado en muchos agradecimientos de tesis, en discursos de mejores egresados y es al que más extrañan los chicos que salen”, manifestó.

Bruna y Asiri son más recelosas; Max es “viejito cascarrabias”, según la descripción de María Fernanda; Franzuá es el más sociable y Teo no comulga aún con los humanos.

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Cada uno es un mundo diferente. Sus vidas han inspirado a más de uno y quienes los ven caminar se enamoran enseguida.

Max, el perro más longevo de la camada de Poliperros. Se dice que si el canino les ladra, los estudiantes pierden el semestre. Foto: Alejandro Ortiz

“Entre nosotros existe una leyenda: si Max te ladra, pierdes el semestre; entonces todos lo respetan, lo quieren e intentan que no les ladre”, explicó entre risas María Fernanda.

La verdadera misión: educar y erradicar el abandono

Franzuá y Teo descansaban plácidamente cerca de una banca donde se llevaba a cabo la entrevista y Mafer, como la llamaban sus allegados en la entidad, no dejó pasar la oportunidad de contar los objetivos reales de Poliperros.

“Nosotros hacemos un esfuerzo supergrande para no romantizar el rescate”, dijo y apuntó que cuando se eliminen los refugios por la falta de perros abandonados se habrá resuelto el problema.

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La meta es lograr una esterilización masiva de los animales de compañía que existen en Quito y para ello no se necesita ser fantástico, añadió la mujer, pues el día en que el grupo de Poliperros desaparezca, más allá de la tristeza, sabrán que el deber estará cumplido.

“El fin del club de Bienestar Animal es que, digamos, ya no tenemos por qué existir, ya no hay perros en la calle y cerramos el club; ese es el objetivo”, aseguró.

Esto debido a que para muchos refugios es insostenible la situación económica. Para el grupo de Poliperros se van hasta $ 200 mensuales, pero los cuidados médicos son más grandes, algo que para quienes disponen de 30 a 40 animales de compañía se vuelve un problema gigante.

“Queremos educar en tenencia animal. Para muchos tener un perro es darle de comer y no es así. Tener un perro es que ellos tengan las cinco libertades garantizadas y una de las cosas más importantes es que sean perros”, agregó.

Las cinco libertades que ella explica consisten en que caminen sin cadenas, tener comida, tener servicio médico, ser ellos mismos y no humanizarlos, así como ser respetados y queridos.

Para ello, manifestó, también es importante construir una rutina con la mascota y en Poliperros saben de qué se trata.

“A las 08:00 comen, a las 11:00 pasean, a las 17:00 vuelven a comer y descansan. Los que están en la perrera sí tienen algún problema de salud, pero después pasan libres. Todos los días se limpia y se los cepilla”, continuó.

Teo es rescatado y se mantiene en estudio para una pronta esterilización. Foto: Alejandro Ortiz

La presencia en redes sociales de Poliperros es importante. Darle voz a seres que tratan de comunicarse con la mirada ha sido un proyecto innovador para el club, que ha podido ayudar a más perros comunitarios a través de los medios digitales.

“No queríamos”, se rio María Fernanda. “Obviamente lo hacíamos para poner a los perros en adopción, pero después nos dimos cuenta de que era un buen canal para motivar a la educación y nos metimos en el tema de La Carolina, porque son perros comunitarios y siempre los apoyaremos”, sostuvo.

Docentes, administrativos y estudiantes no están listos para despedir a sus mascotas. Cada uno se ha ganado el corazón de la gente y no piensan cómo sería el momento en que fallezcan.

“No estamos preparados. Max, por ejemplo, es supremamente importante para esta universidad. Tenemos un plan sí, pero el día que no esté con nosotros... Bruna y Asiri deben verlo y luego no podemos enterrarlo porque todas las facultades lo querrán tener”, concluyó.

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Un problema en el cerebro estaría degenerando la salud de Max, el primero del grupo de Poliperros, que hoy yace en una perrera y sentado ladra a sus visitantes. (I)