El aluvión que acabó con la vida de al menos 25 personas y dejó decenas de heridos y desaparecidos en los sectores de La Gasca y La Comuna puso nuevamente en debate el desarrollo del proyecto privado Urkupamba, ubicado en las faldas del volcán Pichincha, pero a más de un kilómetro de la zona de la tragedia.
El proyecto Urkupamba aún está en papeles, sus promotores no han levantado aún ninguna infraestructura. Consiste en un cenizario ecológico; es decir, en un lugar donde, de concretarse la iniciativa, los restos de las personas fallecidas serán cremados y las cenizas depositadas en urnas biodegradables.
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Andrés Carrasco, representante legal del proyecto Urkupamba, en entrevista con EL UNIVERSO explicó que estas urnas se enterrarán alrededor de árboles que serán sembrados en el lugar. “No es lo mismo que un cementerio, donde se sepultarán cuerpos”, precisó.
Afirmó que no se ha procedido con ninguna construcción en el lugar, “ni mucho menos se han talado árboles”, debido los procesos que se arrastran desde el 2015 para la obtención de la autorización del Municipio de Quito.
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Lo que hasta el momento se ha hecho, dijo, es dar mantenimiento a la infraestructura que ya existía -y que perteneció a la antigua cantera Rumipamba- limpiar los drenajes, cunetas, desfogues de agua. “Por eso aquí, ni en la avenida Mariana de Jesús no hubo afectaciones por el aguacero del 31 de enero”.
En un comunicado del 1 de febrero, la empresa Urkupamba señaló que una de las principales metas del proyecto será la recuperación del bosque andino de la ladera norte de la quebrada Rumipamba, con el fin de crear un ambiente propicio para el negocio.
El proyecto comprende un área de 314 hectáreas (ha) divididas en 273 ha para una reserva ecológica, 3 ha para un parque barrial y para el cenizario se destinarán 35 ha, que se desarrollarán progresivamente en 20 años. En este espacio, el área de construcción será de 2.800 metros. La inversión para el desarrollo de Urkupamba se calcula en $ 5 millones, adelantó Carrasco.
En la página web de la compañía se despliega un listado de nueve puntos con los permisos y licencias obtenidas en instancias municipales, informes de factibilidad, visto bueno del Cuerpo de Bomberos, entre otros.
No obstante, la parte legal ha tenido trabas desde 2020. A través de un comunicado, el Municipio explicó que en junio de 2020 la Administración Zonal Eugenio Espejo otorgó la licencia de construcción. Después, en junio de 2021, la misma Administración Zonal declaró la nulidad, mediante un acto administrativo. A continuación, por un pedido de revisión planteado por Carrasco, la nulidad fue revertida por la Procuraduría Metropolitana, en diciembre de 2021, ya que se encontraron errores jurídicos.
Algunos sectores, hasta personajes políticos, se oponen al proyecto y lo responsabilizan por el desastre natural del lunes. Aseguran que en la zona se han talado árboles y que no se debería dar paso a una obra de este tipo dentro de la tupida vegetación.
Desde el cabildo, en cambio, se ha descartado cualquier relación del aluvión con el cenizario, porque este no se encuentra cerca de la quebrada El Tejado -desbordada por las lluvias-, sino más al norte, en la quebrada Rumipamba. Además, en un sobrevuelo realizado el martes por las autoridades, para observar la magnitud del desbordamiento de agua, se constató que no hay deforestación en la quebrada El Tejado.
El alcalde Santiago Guarderas y el gerente de la Empresa Pública Metropolitana de Agua Potable y Saneamiento (EPMAPS), Othón Zevallos, afirmaron que el aluvión fue producto de intensas lluvias que alcanzaron niveles récord de acumulación de agua, saturando el embalse y taponando la torre de captación de la quebrada.
Por lo ocurrido, Urkupamba se convirtió rápidamente en tendencia en redes sociales desde el martes, con comentarios de toda índole. Incluso se llegó a especular que Guarderas sería accionista de la empresa detrás del proyecto; esto fue negado por el alcalde. (I)