Escondido en un rincón de Carcelén Industrial, en el norte de Quito, se encuentra IKO, una empresa liderada por dos mujeres que dedica todo el esfuerzo necesario a combatir la contaminación ambiental mediante el reciclaje del caucho de las llantas usadas y la transformación del producto en pisos o topes que son utilizados en parqueaderos de centros comerciales o casas.