La llegada del Dassault Mirage F1 a la Fuerza Aérea Ecuatoriana (FAE) marcó un punto de inflexión en el equilibrio militar de la región andina, en un contexto de tensiones con Perú. Su incorporación respondió a la necesidad urgente de reemplazar aeronaves obsoletas como el Gloster Meteor y el Lockheed F-80 Shooting Star.

Durante las décadas de 1970 y 1980, el crecimiento económico permitió a Ecuador avanzar en la modernización de su flota aérea. En ese proceso, también se concretó la compra del SEPECAT Jaguar, en una negociación que se mantuvo en secreto durante años y que convirtió al país en el único operador sudamericano de ese modelo.

En total, Ecuador adquirió 18 Mirage F1 en versiones monoplaza y biplaza. Estas aeronaves estaban equipadas con el radar multimodo Cyrano IV, capaz de operar tanto en combate aire-aire como en misiones aire-tierra, lo que les otorgaba una notable versatilidad operativa.

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El armamento incluía misiles aire-aire Matra R.550 Magic, además de cohetes y bombas antipista diseñadas para inutilizar aeródromos enemigos, una capacidad clave en escenarios de conflicto.

Su momento más determinante llegó durante la Guerra del Cenepa. El 10 de febrero de 1995, dos Mirage F1 ecuatorianos se enfrentaron a aeronaves peruanas en la zona fronteriza, logrando derribar dos Sukhoi Su-22 mediante misiles Magic, en uno de los episodios aéreos más relevantes del conflicto.

Pese a su buen desempeño, la FAE reconoció posteriormente limitaciones frente a sistemas más modernos como el Dassault Mirage 2000 operado por Perú, lo que impulsó un programa de modernización.

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Las mejoras incluyeron nuevos sistemas de navegación, GPS, comunicaciones digitales y equipos de alerta radar, además de la incorporación de misiles más avanzados como los Python III.

Con el paso del tiempo, el Mirage F1 fue retirado progresivamente del servicio, pero su legado permanece como uno de los pilares de la defensa aérea ecuatoriana. (I)