Muchos son los vecinos de nuestra querida ciudad que no han podido escapar a la tentación de consumir un provocativo maduro asado, que desde un modesto y tradicional brasero colocado en alguna esquina de cualquier barriada porteña deja escapar su característico olor e invita al transeúnte a consumirlo de inmediato, acompañado de un buen trozo de queso criollo.