Es un enemigo silencioso y diminuto (mide apenas entre 8 y 10 milímetros) pero tan peligroso que mantiene en alerta al planeta por su capacidad para transmitir cuatro enfermedades graves: fiebre amarilla, dengue, chikungunya y zika. Los efectos de esta última, vinculada al nacimiento de bebés con microcefalia y al síndrome de Guillain-Barré en Brasil, motivaron esta semana la declaratoria de emergencia sanitaria mundial por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS).