Cuando tenía 11 o 12 años de edad, Jorge Kayser Nickels (1928-2003) aprovechaba un día de sus vacaciones escolares en una entretenida excursión a pie junto con dos amigos desde su hogar en Machala hasta las orillas de Puerto Bolívar, donde observó que se habían formado pequeñas pozas de agua de lluvia y agua salada debido al aguaje de carnaval. El paisaje costero lucía singular con aquellas espontáneas piscinas que, según observó al acercarse, se habían convertido en el improvisado hábitat de pequeños peces y larvas de camarón que habían quedado atrapados cuando el aguaje bajó.