“Si las empresas son hermanas dentro de la misma corporación, ¿por qué no responden igual al cambio?”, me decía un directivo, extrañado porque las acciones que se habían emprendido no funcionaban con la misma intensidad en cada institución. Ciertamente, su lógica parece correcta, pero los hermanos, aun siendo gemelos, tienen personalidades diferentes. A esto se lo conoce como antropomorfización de las empresas, las cuales —tal como ocurre con las personas— adoptan una personalidad definida. Es así como encontramos empresas extrovertidas, introvertidas, arriesgadas, alegres, conectoras, innovadoras, elegantes, informales, tradicionales, etc.