Es difícil imaginarse a una persona que no pueda derivar satisfacción al realizar una actividad que todos los demás consideran agradable, como comer, leer, oír música, conectarse con los demás o tener intimidad sexual. Sin embargo, así viven quienes sufren de anhedonia, la inhabilidad para sentir placer, alegría, felicidad, aunque lo hayan disfrutado plenamente en el pasado.