Estoy escribiendo estas palabras el primer día del mes de diciembre al cierre de la edición. Para los que trabajamos en comunicación, el momento es siempre una mezcla de sentimientos encontrados, pues lo que buscamos —especialmente los revisteros cada domingo— es traerles algo que nunca sea repetitivo o redundante. Y esto se dificulta con una celebración navideña en uno de los años más tristes que recuerda mi memoria.