Aparentemente, para las nuevas generaciones de periodistas deportivos, jugadores, aficionados y directivos del balompié ecuatoriano, el nombre del brasileño Moacyr Pinto representa entre poco y nada. Solo así se explica que el brasileño que llegó al país en 1964, con 28 años para unirse al Everest, luche hoy por su vida de manera solitaria, sin más respaldo que el apoyo moral brindado por varios de sus excompañeros de Barcelona SC.