El Mundial de fútbol Brasil 2014 le dejó muchas postales a la afición ecuatoriana. Aunque la selección nacional no alcanzó la ronda de octavos de final y apenas consiguió una victoria, la imagen de un niño arengando a la Tricolor, durante el partido frente a Honduras en la ciudad de Curitiba, se convirtió en símbolo de creencia e ilusión por esos días.