No está la realidad de nuestro fútbol para descorchar una botella de champagne. Yo prefiero seguir hurgando en recuerdos gratos que despejan el aprecio a la historia y rebaten los prejuicios de ciertos ‘periodistillos’ hacia el pasado. Pasado que no conocen ni les interesa conocer, pero que no pierden ocasión para denostarlo. Se resisten a leer, peor a investigar viejos diarios y revistas o averiguar a los que saben, antes de emitir un criterio despectivo hacia un fútbol que no vieron o hacia un jugador del que conocen solo el nombre, pero lo pronuncian mal.