Tal vez ya he contado alguna vez cómo me enteré de los mundiales de fútbol. No me apena insistir en el tema porque fue y será siempre una bella aventura que en este tiempo cumple ya 72 años. Empezó en 1950 cuando mi querido compañero de barrio y compadre, hoy fallecido, Nelson Cruz Cruz me llevó hasta la despensa que tenía su señora madre, en Clemente Ballén entre Pedro Moncayo y Pío Montúfar, para que leyera una revista que publicaba artículos y fotos sobre la Copa Mundo de 1950 en Brasil. La publicación se llamaba Mundial, era de formato grande, en papel cuché, y se editaba en Uruguay. Devoré los artículos tan bien escritos y las fotos en blanco y negro de los grandes cracks de ese tiempo.