Podrán hablarme de pressing, de doble cinco, de tácticas defensivas, con el lenguaje esotérico que enmascara el odio a todo lo estético, a lo que está emparentado con el arte de dominar un balón con la parte menos hábil del cuerpo, los pies, y obligar a estas extremidades a obedecer los mandatos de cerebros privilegiados, nacidos para habitar el olimpo de los inmortales.