Nació en Berlín bajo el signo aterrador de la Segunda Guerra Mundial. Transitaba 1940. Pero sus primeros correteos los dio en Lima. Jorge Arriola Müller es tan peruano como el pisco o el valsecito.

Hijo de un estudiante limeño y una universitaria alemana que huyeron con los primeros bombardeos sobre la capital germana, Jorge es un viajero incansable y ha establecido un romance con la Copa del Mundo: con la de Catar 2022 lleva catorce presenciadas. Y va por la quince…

-Tengo 140 partidos mundialistas vistos en el estadio, entre ellos nueve inauguraciones y doce finales, contando la última entre Francia y Argentina -dice con orgullo, aunque sin perder su habitual modestia. -Solo no fui a las finales de Argentina 78 y España 82.

Con 86 años seguramente se trata del hincha de fútbol con más mundiales vistos. Al menos, el hincha vivo. Y está con un pie en el avión, pues tiene el pasaje y las entradas para ir a Estados Unidos 2026.

El boleto con que entró al juego Brasil 2 -Bulgaria 0. Era la entrada básica, para verlo de parado, y costaba 1 libra. A la cotización de hoy serían 20 libras. Igual, muy económica.

-Pararé en casa de mi hermana en Los Ángeles y veré los partidos de esa zona. Seguro iré también a Boston, donde tengo un sobrino. Arrancaré el 12 de junio viendo Estados Unidos-Paraguay allí mismo, en Los Ángeles.

De Inglaterra 66 a Catar 2022 solo faltó a dos torneos.

-De haber estado en Lima seguramente hubiera ido a Chile 62, por la cercanía. Me gustó siempre el fútbol; desde chico jamás me perdí un acontecimiento futbolístico en el Estadio Nacional de Lima. Incluso fui a una final de Europa entre el Real Madrid y el Stade Reims en 1959, en Stuttgart. Pero en el 62 estaba estudiando en España y eso me lo impidió.

Electrocables Barraza

Su cabalgata comenzó en la cuna del fútbol.

-Mi debut fue en Inglaterra 66, que creo hasta hoy fue el último Mundial de fútbol puro, muy bonito. Fue fantástico llegar a Liverpool en plena época de Los Beatles. En las tribunas generales se miraban los partidos de parado, no había shows preliminares ni nada, era el partido nomás y punto. Hoy, los mundiales son un espectáculo rodeado de muchos eventos y protocolo. En el 66 estábamos desayunando con unos amigos en Londres, decíamos: “¿Vamos esta tarde a Liverpool a ver Brasil-Portugal…?”. E íbamos. Tomábamos el tren, llegábamos al estadio, comprábamos las entradas en el momento, sin tanto trámite, y lo veíamos. Así era todo, simple. Y a todos lados se iba en tren.

A los cuatro años le tocó otra cita inolvidable: México 70. Pero por otra cuestión…

-Fui acompañando a la mejor selección peruana de la historia, la de Chumpitaz, Cubillas, Chale, Sotil, Mifflin, Perico León… Todavía tengo de recuerdo la camiseta de Alberto Gallardo, la de la tarde en que le hizo el gol a Brasil. Si sería bueno aquel equipo que hasta hoy se aprecian y respetan. Y si el capitán Chumpitaz dice algo, todos lo escuchan y acatan reverencialmente. Esa unidad no existe entre los jugadores actuales, por eso Perú no fue más a los mundiales desde 1982 hasta Rusia 2018.

Chupo, así le llama todo el Perú, aún recuerda con pesar la previa al debut en México ante Bulgaria.

-Cuarenta y ocho horas antes del primer partido hubo un terremoto en Perú que dejó 70.000 muertos y 380.000 heridos. Fue una noticia demoledora para todos los que estábamos allá. Luis Banchero Rossi, el magnate de la pesca, había pagado el pasaje para muchos pescadores como premio. Mucha gente que era de la zona donde fue la tragedia se tuvo que volver, tenían familiares muertos o heridos. Los jugadores estaban muy apesadumbrados, pero dentro de la desgracia le dieron una enorme alegría al país: perdían 2 a 0 y ganaron 3 a 2 a Bulgaria.

Su recorrida tuvo un bache en 1974 que hasta el día de hoy lamenta.

-Fui a la eliminatoria con Chile, en Santiago, y al tercer partido, en Montevideo. Perú tenía un gran equipo, no era para perder. De la rabia no quise ir a ese Mundial, a pesar de que se jugaba en mi país de nacimiento y donde estaba una parte de mi familia. No quise porque no iba Perú. Y eso que había ido a los Juegos Olímpicos de Múnich en el 72. Hoy me arrepiento.

Electrocables Barraza

Retomó la senda en Argentina 78 y desde allí sí, no faltó más.

-Pero no pude ir a muchos partidos porque estaba haciendo estudios superiores; seguí todos los de Perú y una semifinal entre Italia y Holanda. España 82 fue inolvidable. Era dirigente de Universitario y en esa condición formé parte de la delegación. Conviví con el plantel. Además, era muy amigo de Tim, el técnico brasileño de nuestra selección, un genio.

Chupo ha asistido a quince Copas América, cientos de partidos de eliminatorias, varias olimpiadas, a decenas de carreras de Fórmula Uno, a los torneos de tenis de Wimbledon y Roland Garros, a ocho rallies de automovilismo, a ocho Eurocopas, pero su amor verdadero es la Copa del Mundo.

Electrocables Barraza

-Un Mundial es lo máximo. Una vez que vas a uno ya no quieres faltar más -dice, como justificándose.

En Johannesburgo se tomó una foto con Bobby Charlton.

-“A usted lo vi en la final de 1966, yo estuve en Wembley”, le dije.

¿Le habrá creído Bobby? Sin embargo, Chupo tiene las fotos que documentan todo. Y las entradas de cada juego enmarcadas. También sus doce pasaportes.

-Estuve en el estadio Azteca la tarde de la “mano de Dios”. Y también del otro gol de Maradona, donde gambeteó a todos. Creo que fue lo más extraordinario que vi. Más allá de cualquier consideración, Maradona fue una figura cumbre de los mundiales. Tal vez el último jugador de esos que ordenaban a sus compañeros con el grito de “Dámela a mí”. Había que dársela. Él se encargaba del resto, se ponía el equipo al hombro.

Según su visión, a partir de Italia 90, los mundiales se volvieron un espectáculo diferente, global, con funciones antes, durante y después de los juegos. Siempre trató de ir a la mayor cantidad de partidos posible en cada torneo y tiene memoria de archivo. Posee un récord:

-La tarde de la “mano de Dios” estuve en el Azteca para ver Argentina-Inglaterra, salí rápido y de ahí me fui a Puebla, que está a unas tres horas, y presencié España-Bélgica, dos partidos en un día. En Italia 90 también lo hice.

Guarda un recuerdo especial para Corea-Japón 2002, aunque más específicamente por el país de las geishas.

-Japón 2002 fue hermosísimo, una fiesta. Salías del estadio y una fila de jovencitas te saludaban sonrientes, como diciendo “gracias por haber venido”. No como en otras partes donde viene la turba y hay que salir espantado.

Por increíble que parezca, recién en 2006, a los 66 años y después de centenares de viajes por el mundo, incluso por Alemania, conoció su natal Berlín gracias al Mundial.

-Nunca había vuelto desde los dos años, cuando la familia se trasladó al Perú.

Jorge destina cuarenta días cada cuatro años a los mundiales. Va cuando empiezan y no vuelve hasta que terminan. Y de esta entrevista tampoco se va. Continuará… (O)